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México y la Gran América

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“Hay ausencias que triunfan”, dice una canción del gran Álvaro Carrillo. La de México en la Cumbre de las Américas contra los cárteles –convocada por Estados Unidos (EU) del  5 al 7 de marzo en Miami– lamentablemente no parece una de ellas. Todo lo contrario. El hecho de no haber asistido y, peor aún, de haber sido señalado en la misma como “el epicentro” de todo el problema, deja al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum en una posición vulnerable frente a una administración crecientemente militarista.

Existen numerosas coincidencias entre los movimientos sociopolíticos que llevaron a Trump al poder en EU, el de “Make America Great Again” o MAGA, y el de la 4T en México que encumbró al expresidente Andrés Manuel López Obrador primero y luego pavimentó su “segundo piso” con Sheinbaum. Una de las más inesperadas, no obstante, ha sido la forma en que ambas expresiones políticas han hecho parte fundamental de sus proyectos a las fuerzas armadas de los dos países.

Desde su primer mandato, Trump manifestó una gran admiración por los militares, por lo que entonces llamó “mis generales”, debido a su disciplina, gallardía y letalidad. Sin embargo, pronto chocó con su entonces secretario de la Defensa, Mark Esper, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Mark Milley, entre muchas otras razones por tratar de usar a tropas en activo para sofocar las protestas ciudadanas desatadas en 2020 tras el asesinato de George Floyd.

En su segunda administración, Trump ha demostrado que aprendió de los contratiempos enfrentados en su primer “tour of duty” y, como parte de su agenda “EU primero”, ha recurrido cada vez más a las fuerzas armadas tanto para inusuales tareas de política interna, como de política exterior. Ambos planos quedaron engarzados en un mismo diseño integral, plasmado en las estrategias de Seguridad Nacional 2025 y la de Defensa Nacional 2026 de EU. Con ello nació la hoy célebre Doctrina Donroe, de predominio hegemónico en el continente americano, que está en proceso de ejecutarse a rajatabla.

En el primer plano, además de utilizar a la Guardia Nacional para tareas de seguridad pública, como lo hizo en Washington D. C. y en sus operativos anti-inmigrantes en ciudades del interior de EU, el 1 de abril de 2025 Trump emitió el Memorándum Presidencial en materia de Seguridad Nacional NSPM-4, por el que instruyó la “Misión militar para sellar la frontera” con México, a cargo del Comando Norte del aún entonces Departamento de Defensa. Antes, entre sus primeros decretos, el 20 de enero Trump ya había designado a los cárteles de la droga como organizaciones terroristas globales. Casi un año después, el círculo se cerró cuando el mismo Comando Norte, ahora del renombrado Departamento de Guerra, informó en un breve comunicado el pasado 15 de enero que había integrado la nueva Fuerza de Tarea Interagencial Contra los Cárteles (JIATF-CC).

En el segundo plano, el de política exterior, a pesar de que una de sus principales banderas electorales fue el rechazo al intervencionismo en otros países, Trump ha demostrado su gusto por el uso unilateral de la fuerza militar. Primero, con la campaña contra supuestos narcotraficantes con los ataques letales a botes en el Caribe y el Océano Pacífico, que según algunos conteos a la fecha ya ha dejado más de 150 muertes. Después, con la Operación “Absolute Resolve” a principios de año para detener en Caracas y llevar a juicio en EU al mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro. Luego, con la confusa Operación “Epic Fury” contra Irán. Y, ahora, aún en la fase inicial del conflicto en marcha en el Medio Oriente, la administración Trump recién convocó a un selecto grupo de gobiernos afines a la Cumbre de Doral para desatar todo el poderío militar contra los cárteles criminales mediante la nueva Operación “Americas Shield”: el Escudo de las Américas.

Entre el jueves 5 y el sábado 7 de marzo, hubo poco espacio para las dudas. El controvertido subjefe de Gabinete y asesor para Seguridad Territorial de la Casa Blanca, Stephen Miller, dijo a los invitados que “tienen su permiso” para no hacerle caso a los abogados o juristas, porque “estas organizaciones sólo pueden ser derrotadas mediante el poder militar”. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, por su parte anunció que EU ha delimitado un “nuevo mapa estratégico de la Gran Norteamérica”, que va desde Alaska hasta el ecuador del continente y que constituye su “perímetro de seguridad inmediato”.

Esta nueva configuración regional fue avalada por los 17 gobiernos que firmaron la Declaración de la Coalición Contra los Cárteles (C3), y el propio presidente Trump se encargó de puntualizar dos cosas. Una, que se trata de combatir específicamente con las fuerzas armadas de EU y sus seguidores en América Latina y el Caribe a las organizaciones del crimen organizado para aniquilarlas. Y, dos, que “se debe reconocer que el epicentro de la violencia generada por los cárteles es México”. Sobre todo, volvió a declarar que “los cárteles están a cargo de México y no podemos tolerar eso, porque están demasiado cerca de nosotros”.

Una posible explicación de la razón por la que la presidenta Sheinbaum no fue convocada a la reunión en Miami es porque, para efectos prácticos, el esquema de la C3 ya se está aplicando precisamente en México, lo cual se demostró en la reciente operación del Ejército que culminó con la muerte de Nemesio El Mencho Oseguera, presunto líder del CJNG. Como observó la periodista Peniley Ramírez, “lo que se lee en este operativo es una nueva etapa, con más protagonismo del Ejército y una relación directa con el Comando Norte de EU, ya no a través de Palacio Nacional con la Casa Blanca, sino de Lomas de Sotelo” (“Código Rojo”, Reforma, 07/03/26). Es decir que, en apariencia, la cooperación bilateral y regional en la crítica materia ya no la conduciría el titular de la SSPC, Omar García Harfuch, sino el general secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla.

En todo caso, lo que Trump busca son muestras notables e inmediatas de sometimiento al uso de la fuerza bruta contra organizaciones multifacéticas e históricamente adaptables a las condiciones del mercado, en lugar de recurrir a la inteligencia, en el sentido más amplio de la palabra, para encontrar soluciones en verdad eficaces. Empezando por desligar al corruptor poder económico-criminal del poder político. Ese sería el reto y, para ello, el uso de los aparatos militares puede ser un componente necesario, pero sin duda no la respuesta de fondo.

POR CARLOS GARCÍA DE MUCHA INTERNACIONALISTA DEL COLMEX Y CONSULTOR EN COMUNICACIÓN ESTRATÉGICA (CGMUCHA@GMAIL.COM)


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