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Jornada laboral de 40 horas, pero sin descanso real

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La reforma para reducir la jornada laboral a 40 horas ya fue aprobada y en el papel suena bien, pues menos horas de trabajo deberían significar mejor calidad de vida. Sin embargo, el verdadero problema no es la reducción, sino cómo la hicieron.

Morena anunció una jornada de 40 horas, pero mantuvo seis días laborales con solo un día obligatorio de descanso. Es decir, se puede seguir trabajando seis días a la semana. Prometieron menos carga, pero dejaron abierta la puerta para ampliarla con hasta 12 horas extra semanales. Eso no es un cambio de fondo, eso es una simulación.

En el PAN la postura fue clara desde el inicio: 40 horas sí, pero con descanso real, bajo un esquema 5 por 2: cinco días de trabajo por dos de descanso obligatorio. Porque si no se establece así en la ley, las 40 horas pueden repartirse en seis días y el trabajador seguirá yendo casi toda la semana a su empleo. La reducción se vuelve un tecnicismo, no un beneficio tangible. Y una reforma laboral debe sentirse en la casa, no solo leerse en el Diario Oficial.

Además, una transformación de este tamaño requiere estrategia económica. El 70 por ciento del empleo en México depende de micro, pequeñas y medianas empresas. No se puede cambiar la estructura laboral sin fortalecer a quienes generan empleo. No se trata de confrontar a empresarios y trabajadores, se trata de construir condiciones para que ambos ganen.

Por eso Acción Nacional presentó propuestas concretas. Una Agencia Nacional para el Desarrollo que financie y acompañe a las MiPymes. Un incentivo fiscal del 15 por ciento a la inversión productiva. Un periodo de gracia para nuevos emprendedores. Un límite firme de nueve horas extra para que la reducción no sea anulada por la puerta trasera. La implementación plena en 2028, no hasta 2030. Y algo fundamental: que el aguinaldo sea un derecho constitucional y se pague completo, sin retenciones, porque el esfuerzo de la gente no puede convertirse en caja chica del gobierno.

Reducir la jornada sin fortalecer productividad, sin inversión y sin certeza jurídica puede generar efectos contrarios a los que se prometen. Puede incentivar la informalidad, puede frenar la contratación, puede convertirse en un obstáculo en lugar de una mejora.

México necesita una reforma laboral que impulse el crecimiento, que genere empleo formal y que permita que los jóvenes encuentren oportunidades reales, con capacitación certificada y vinculación directa con empresas. Y hay algo más que no puede pasarse por alto. Es una grosería para millones de trabajadores que algunos legisladores no asuman con seriedad su responsabilidad. Mientras hay personas que pasan hasta cinco horas diarias en traslados para ganar el salario mínimo, hay quienes prefieren irse a jugar pádel, ausentarse de las sesiones o pedir licencia para participar en espectáculos como La casa de los famosos.

Esa desconexión indigna, porque legislar sobre la jornada laboral no es un juego…es decidir sobre la vida diaria de millones de familias.

Hoy tenemos una reforma aprobada que presume modernidad, pero que no garantiza descanso real y que deja más preguntas que certezas. Las 40 horas deben significar más tiempo con la familia, más salud, más productividad y más crecimiento. Si no, solo serán una cifra bonita que no cambia la realidad. Y México merece mucho más que eso.

POR PAULO MARTÍNEZ @PAULOMARTINEZL


© El Heraldo de México