Irán y Cuba: año del cambio
Hay países donde parece que el tiempo se detuvo y nada logra empujarlos en una nueva dirección. En esta situación están Cuba e Irán, que sobrevivieron al fin de la Guerra Fría como si el mundo no hubiera cambiado. Ello no sería necesariamente problemático si no fuera porque sus gobiernos han hecho de la supervivencia del régimen -el comunismo trasnochado y la teocracia de los ayatolás- su razón de ser, sin ofrecer a su ciudadanía un desarrollo decente.
Se han estado haciendo apuestas sobre quién caerá primero este año: el sucesor de los hermanos Castro, Miguel Díaz-Canel, en Cuba, o el ayatolá Alí Jamenei, líder supremo en Irán. Después de los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel contra Irán este fin de semana, quienes apostaron por Irán están más cerca de ganar.
Tanto Irán como Cuba enfrentan crisis profundas y multifacéticas, así como un problema generacional de liderazgo. Viven un colapso económico al que se suman las protestas ciudadanas que provocaron una represión extrema en Irán y el hartazgo social en Cuba por décadas de escasez y confinamiento político.
En esta ecuación a favor de la transición, los factores externos son cada vez más importantes. Estamos frente a la ausencia de aliados fuertes para Irán y Cuba, como Rusia, que no puede actuar debido a la guerra en Ucrania. Asimismo, es crucial el aumento de la presión de Estados Unidos durante la presidencia de Donald Trump, que se traduce en la segunda intervención militar en Irán en ocho meses para eliminar el programa nuclear y los misiles de este país. Queda por ver cuáles son las capacidades de la oposición iraní para promover el cambio.
La gran pregunta es cómo gestionar un cambio de régimen sin desencadenar un caos mayor. La historia reciente demuestra que los cambios bruscos tienen consecuencias imprevisibles y rara vez se sostienen en el tiempo. Por eso, después de lo ocurrido en África del Norte y Medio Oriente durante la Primavera Árabe, o en Afganistán e Irak, hay más cautela.
Muchos abogan por una transición negociada y paulatina, en vez de rupturas abruptas. Esta parece ser la receta que aplica Estados Unidos en Venezuela y que podría funcionar también en Cuba. De hecho, Trump habló sobre “una toma amistosa de Cuba”. Pero la principal preocupación en este momento es Irán, donde la complejidad es mayor. Se trata no solo del programa nuclear y del cambio de régimen, sino también de la reordenación geoestratégica del Medio Oriente.
Por lo pronto, después de décadas de inmovilidad, hay perspectivas nuevas en Cuba y en Irán. Los métodos para impulsar el cambio violan el derecho internacional, aunque los iraníes exiliados ven la intervención extranjera como la única posibilidad para lograrlo. Nos guste o no, hemos entrado en un mundo donde algunas potencias, grandes y medianas, ya no se sienten restringidas por el derecho internacional. Todo empezó hace cuatro años, cuando Rusia atacó Ucrania, y tardaremos algunos años más en regresar al equilibrio en el orden internacional.
POR DRA. BEATA WOJNA PROFESORA DE RELACIONES INTERNACIONALES INSTITUTO TECNOLÓGICO Y DE ESTUDIOS SUPERIORES DE MONTERREY @BEATAWOJNA
