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Hasta pronto, maestro

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19.02.2026

El sábado 14 de febrero murió el apasionado periodista de izquierda Jorge Meléndez Preciado (1944). La familia informó que se le complicó un arriesgado estudio para detectarle un aneurisma. Carajo.

Supe del maestro Meléndez a principios de la década de 1990, cuando yo estudiaba en la Facultad de Ciencias Políticas. En ese entonces, él impartía clases de Economía, que era su profesión. Entre los alumnos se decía que la aburrida materia cobraba sentido del humor con Meléndez. En la Facultad se contaba también que había estudiado para comunista en la Universidad Patricio Lumbaba de Moscú; que había creado brigadas en apoyo a la candidatura de Valentín Campa en 1976; y que había investigado el caso del asesinato del periodista Manuel Buendía. En aquel tiempo, a Meléndez lo leía en las páginas de El Búho de Excélsior, y llegué a escucharlo en Radio Trece. Pero fue apenas en octubre pasado cuando mi esposa y yo nos sentamos a platicar con él en su casa de Coyoacán. Generoso como era, a través de su hijo Alejandro, nos invitó un sábado a comer. Y aunque llegamos tarde (nos perdimos), Meléndez no rezongó ni fue ese hombre estoico que a veces solía ser. Al contrario, fue tan tierno al recibirnos que nos hizo entrar rápido en confianza. Íbamos por dos horas y nos quedamos más de siete. Entre pizza y cerveza hablamos de la vida. Luego conversamos sobre los altibajos de los medios públicos. Él nos contó que, cuando trabajaba en Radio Educación en los tiempos de Miguel de la Madrid, quisieron censurarlo para que no sacara una nota que reportaba la devaluación del peso. Y si bien nos faltó tiempo para que nos contara sus peripecias por Radio Fórmula, Radio Mexiquense, Radio Capital, el IMER y los canales de televisión 7, 11, 13, 21 y 22, nos contó que se salía de la línea oficialista de El Nacional hasta que lo echaron. Nos habló, además, de su militancia en el Partido Comunista Mexicano; de que cada 30 de mayo se manifestaba en Plaza Zarco, en su natal colonia Guerrero, por el asesinato de Buendía (estaba convencido de que Manuel Bartlett tenía un grado importante de participación en el crimen); de su paso por El Financiero y El Ovaciones; y de la vez que fue diputado federal suplente de Gilberto Rincón Gallardo. Nos faltó tiempo, decía, para que nos contara anécdotas de sus experiencias en el Unomásuno, en La Jornada de Oriente, en Oposición, en Sucesos para Todos, en Telegrama Político, en El Fígaro y, entre otras publicaciones, en la Revista Mexicana de la Comunicación.

El maestro Meléndez -nunca pude decirle Jorge, como me pidió que le llamara- se definía como hombre de izquierda, pero eso sí: jamás convirtió esa posición en un cheque en blanco para el obradorismo o el claudismo. Su fidelidad a ciertos principios le trajo roces con sectores de la 4T. Para él, asumirse de izquierda implicaba someter al poder a una revisión constante. El maestro Meléndez, también, protestó por las agresiones contra la prensa y alzó la voz frente a cualquier intento de censura. Era una costumbre verlo en las manifestaciones cada vez que asesinaban o agredían a un colega. De hecho, en la década de 1980, fundó la Unión de Periodistas Democráticos desde donde impulsó la organización colectiva y la defensa del oficio. Los textos que se han publicado después de su muerte coinciden en que el maestro Meléndez se caracterizó por su disposición a promover a reporteros jóvenes, compartir contactos, facilitar accesos y leer borradores con espíritu constructivo. En un entorno marcado por la competencia y la precariedad laboral, esa práctica solidaria de Meléndez era una forma tangible de ejercer principios éticos.

Su muerte deja tras de sí una lección: el trabajo informativo exige no sólo habilidad; también consistencia moral, memoria histórica y compromiso con los demás. Se le va a extrañar al maestro de los jeans, la playeras estampadas con consignas políticas y libros en la mano.

POR ALEJANDRO ALMAZÁN


© El Heraldo de México