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El interés tiene pies (y vías férreas)

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25.02.2026

En política, el espectáculo y los negocios, el interés nunca camina descalzo: siempre trae botas, portafolio y, si hace falta, concesión federal. Que nadie se escandalice, así es como funciona el mundo.

La visita de Salma Hayek a Veracruz después de años de ausencia no fue una postal nostálgica ni un acto de filantropía tropical. Fue, más bien, una señal de mercado. De pronto, Los Tuxtlas dejaron de ser reserva ecológica, selva, misticismo y lagunas brumosas para convertirse en un “polo de desarrollo turístico y cinematográfico”. Traducción: tierra fértil para la plusvalía.

El proyecto ha causado revuelo desde julio de 2025, cuando la actriz mexicana, acompañada por otra estrella internacional, Angelina Jolie, revisó las locaciones de la filmación que inició seis meses después, en enero. Para el 15 de febrero, la veracruzana estuvo en la Ciudad de México para el anuncio de incentivos fiscales por mil 600 millones de pesos a la industria cinematográfica de los que, por supuesto, su producción será la primera beneficiada.

La trama de la película y su presupuesto se mantienen celosamente en reserva. Solo se sabe que destacará las maravillas de la región y que servirá como un gran escaparate para su promoción internacional. De esa manera se justificarán los permisos y las facilidades, pero el asunto va mucho más allá.

El llamado Triángulo de Los Tuxtlas tiene mucho más potencial económico, que incluye a Catemaco como un gran imán esotérico y las playas paradisíacas del sur para el turismo de alto nivel. Todo eso, ahora también es un proyecto en carpeta. Se habla de un desarrollo turístico de gran escala, infraestructura mayor y hasta un tren que, dicen los ambientalistas, podría atravesar la selva como cicatriz de progreso. En el proyecto estaría involucrado el Groupe Artémis del esposo de Salma, François-Henri Pinault, y también su padre, Sami Hayek Domínguez, empresario con grandes inversiones en logística, en el Corredor Transístmico.

El debate no es si debe o no haber inversión. Veracruz y México la necesitan. El punto neurálgico es cómo y para quién. La transparencia es fundamental. ¿Se está consultando realmente a las comunidades y dándoles participación? ¿Hay estudios de impacto ambiental independientes? Un tren no es un storyboard, es una intervención física irreversible que implica, necesariamente, un plan muy amplio de mitigación ambiental.

Aquí es donde entra la política, porque en Veracruz nada ocurre en el vacío institucional. Los rumores, siempre más veloces que una locomotora, apuntan a que parientes cercanos de Rocío Nahle estarían preparando su participación económica en el proyecto. Si es falso, debe aclararse con transparencia quirúrgica. Si es cierto, el conflicto de interés no es un detalle administrativo, es el corazón del asunto.

El problema no es que una estrella global invierta en su tierra y atraiga más inversiones, sino la opacidad. En Veracruz ya hemos visto esa película. Lo único que cambia al ritmo de los gobiernos, es quién escribe el guion… y quién cobra la taquilla.

Banco Azteca abre la puerta a que sus cuentahabientes conviertan su ahorro pasivo, desde un peso, en crecimiento patrimonial verdadero con su fondo de inversión Azteca1, mediante CETES y bonos de alta rentabilidad. Eso es inclusión financiera para quienes, hasta ahora, tenían negado el acceso a los rendimientos del mercado.

POR ADRIANA DELGADO RUIZ


© El Heraldo de México