Tomasa, Bentham y el tamaño de nuestra democracia
“Los animales no se equivocan / Los animales nunca se equivocarán / Son portadores de la sinceridad del Cosmos” - Ases Falsos.
He tenido una de las mayores suertes en años: adopté (¿o sería mejor decir “me adoptó”?) a Tomasa; una perrita mestiza que, a sus dos meses, está cambiando mi vida para mejor y llenándome a diario de mordiscos en mis manos y piernas.
Existe un fenómeno psicológico conocido como efecto Baader-Meinhof: descubres algo nuevo y, de pronto, parece que está en todas partes. Ya saben, como cuando tu hermana tiene un bebé y empiezas a ver carriolas por todos lados, o cuando un amigo se compromete y de repente no dejas de notar anillos de compromiso. Lo cierto, es que esto se condice mucho más con un nuevo foco en tu atención que con alguna alteración en el mundo real.
Desde que Tomasa llegó a casa me pasa algo parecido. Pienso con mucha más frecuencia en los animales y en lo que sienten. Me descubro preguntándome qué estará soñando cuando ladra mientras duerme o qué intenta decirme cuando me mira fijamente.
Y entonces vuelvo una y otra vez a una pregunta formulada por uno de los padres del pensamiento liberal moderno, Jeremy Bentham: “La cuestión no es: ¿pueden razonar?, ni ¿pueden hablar?, sino: ¿pueden sufrir?”
La historia de las democracias ha consistido en ampliar quién tiene derechos políticos, sí,........
