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Querer el aplauso y rechazar la crítica

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09.04.2026

Quizá alguna vez le haya tocado un vuelo en el que, al aterrizar, el capitán se llevó un sonoro aplauso por lo impecable y terso de la maniobra. O tal vez en algún restaurante haya escuchado a un comensal pedirle al mesero que le felicite al chef por tan exquisito platillo que acaba de degustar. Ese tipo de reconocimiento no es común y, en algunas profesiones u oficios es algo inimaginable.

¿Cuándo se ha escuchado un aplauso al conductor del Metro por un arribo suave a la siguiente estación?

Al editor que detecta y frena una pifia del autor, ya sea de un libro, una revista o una publicación informativa, nunca se le va a dar una palmada en la espalda, finalmente es su chamba. En cambio, si deja pasar un dedazo o se le escapa una falta de ortografía, muy probablemente será sacrificado (saludos al director de la Gaceta de la UNAM). Se asume que hacer las cosas bien es su trabajo y punto, pero los yerros, esos sí hay que hacerlos notar.

Lo mismo ocurre con la labor de gobernar. Salvo de parte de paleros y lambiscones, los gobernantes no deberían esperar aplausos, y si no pregúntenle a Peña Nieto, que en febrero de 2015 cayó en la cuenta de que “ya sé que (los periodistas) no aplauden”, luego de anunciar medidas anticorrupción. La autoridad está ahí para gobernar bien; recibir cuestionamientos cuando su desempeño no es el esperado es lo normal. Un acto de contrición y la consecuente rectificación son algo que no está en el diccionario de los gobernantes, y la ‘4T’ está muy lejos de ser la........

© El Financiero