Gobernadores impunes
Con la mano en la cintura, la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, mandó al carajo a los senadores de la República y notificó que no atendería la invitación para abordar el tema de los agentes de la CIA, lo cual encendió los ánimos de los morenistas. Y aún seguían eufóricos alegando traición a la patria y rasgándose las vestiduras, cuando… ¡boom!, estalló la bomba de la acusación formal en Estados Unidos contra el gobernador morenista de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, nada menos que por narcotráfico.
En otras épocas, por mucho menos que eso, ni Maru ni Rocha estarían ya en sus cargos. Décadas atrás, con enorme facilidad y haciendo uso del poder metaconstitucional que tenía quien se posaba sobre la silla del águila, Carlos Salinas de Gortari removió a gobernadores, sin importar que hubieran llegado con el respaldo de las urnas. Fue el caso de Fausto Zapata en San Luis Potosí, Xicoténcatl Leyva en Baja California y Salvador Neme en Tabasco, por mencionar solo algunos de más de una decena.
Eran tiempos en los que el poder de un gobernador languidecía ante el del presidente de la República. Hoy en día los gobernadores gozan de un pacto federal robustecido. Consciente de esa nueva correlación de poderes, y cobijada por senadores panistas, Campos decidió no acudir a que la acribillaran. Y era lógico, quién realmente esperaba que fuera a abrirse de brazos a que la apedrearan los legisladores del oficialismo, por mucho que le hayan ofrecido un trato “respetuoso”.
Es sano que en la actualidad el presidente o presidenta........
