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Sin ley, sin límite

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28.01.2026

Hacía mucho tiempo, quizá demasiado, que el mundo no veía, dentro del grupo de países que se presumen civilizados, legales y constitucionalistas, escenas como las que hoy se repiten un día sí y otro también en Estados Unidos. Redadas, razias y persecuciones ejecutadas como si la fuerza bastara y la ley estorbara. Operativos que, más que aplicar normas, parecen diseñados para producir miedo. Y cuando el miedo se convierte en método, el Estado de derecho deja de ser un principio y pasa a ser un estorbo.

No es una comparación hecha al aire. La historia ya mostró cómo se degradan las democracias cuando se normaliza la caza del “otro”. En la Alemania de los años treinta, las camisas pardas no fueron solo un símbolo: fueron el instrumento callejero de una política que después se vistió de legalidad. Las Leyes de Núremberg de 1935 institucionalizaron la exclusión; la Kristallnacht de 1938 exhibió, sin máscaras, el salto de la discriminación a la violencia organizada. Hoy no es 1938, pero la lógica es inquietante: se allanan casas, se destruyen vidas, se instala la sospecha como identidad y se normaliza la humillación pública como advertencia.

Ser inmigrante, ilegal o indocumentado, en un país construido por oleadas de inmigración, se ha vuelto el signo más visible de un cambio de régimen. No por la........

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