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Populismo tras las rejas

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25.05.2026

La campaña de Estados Unidos contra las consecuencias políticas, económicas y judiciales del populismo latinoamericano ha tenido, en los últimos días, un incremento notable. No parece tratarse de hechos aislados ni de una simple acumulación de causas judiciales. Lo que empieza a dibujarse es una ofensiva más amplia contra un ciclo político que, durante décadas, se presentó como revolución, resistencia o justicia social, pero que hoy aparece cada vez más asociado a corrupción, deterioro institucional, pérdida de libertades y empobrecimiento de sociedades enteras.

Hoy, el populismo está tras las rejas. Algunos de sus principales símbolos enfrentan cárceles, condenas, imputaciones, investigaciones o exilios políticos. Maduro está preso en Brooklyn. Rafael Correa vive fuera de Ecuador, condenado en ausencia por corrupción. Cristina Fernández de Kirchner cumple una condena bajo arresto domiciliario en Argentina. José Luis Rodríguez Zapatero ha quedado bajo investigación en España en un caso relacionado con operaciones internacionales y vínculos con intereses venezolanos.

Más allá de cada expediente, lo importante es el significado político del momento: una generación de dirigentes que durante años se presentó como redentora de los pueblos empieza a quedar atrapada por sus propias contradicciones.

El populismo no está cayendo solo por la fuerza de sus adversarios. Está cayendo porque su promesa original se agotó. Prometió justicia y produjo privilegios. Prometió soberanía y terminó dependiendo de redes opacas. Prometió pueblo y construyó élites cerradas. Prometió libertad frente a los poderes tradicionales y terminó concentrando poder, debilitando instituciones y convirtiendo la permanencia en el gobierno en su verdadero proyecto político.

Ese es el punto central. Durante años, el populismo logró sobrevivir gracias a una narrativa eficaz: dividir el mundo entre pueblo y enemigos del pueblo; entre revolución y reacción; entre patria y traición. Esa retórica le permitió justificar excesos, aplazar resultados, perseguir críticos y convertir cada fracaso propio en culpa ajena.

La crisis del populismo es, antes que nada, una crisis de resultados. Allí donde prometió prosperidad, dejó economías debilitadas. Allí donde prometió dignidad, dejó sociedades fracturadas. Allí donde prometió limpiar la corrupción, construyó nuevos sistemas de privilegio. Y allí donde prometió devolver el poder al pueblo, terminó entregándolo a grupos cada vez más cerrados, más autoritarios y más interesados en su propia........

© El Financiero