Bajo asedio
No sé qué sorprende más: la incapacidad de oír, aunque te lo repitan una y otra vez, o el convencimiento de que, negando la realidad, ésta desaparecerá.
El gobierno mexicano está bajo asedio. El que lo asedia, el que lo acorrala, el que le crea problemas, el que parece tener perfectamente claro el timing de cómo, cuándo y dónde atacar, es el gobierno de los Estados Unidos. No tenemos escapatoria geográfica, económica ni política.
Son 3,145 kilómetros de frontera común; cerca de 40 millones de personas de origen mexicano viviendo en Estados Unidos; un voto latino que ya pesa de manera decisiva en la política norteamericana; y una interdependencia económica que hace imposible no entender con mucho cuidado dónde y cómo está sostenida la relación bilateral.
Hoy por hoy, esa relación está sostenida bajo el asedio permanente de lo que uno ha descubierto sobre el otro, de lo que uno cree saber del otro y de las amenazas expresas o latentes que recorren todo el panorama político, social, económico y judicial de la relación entre México y Estados Unidos.
Resulta de una ingenuidad casi tierna andar pidiendo pruebas, pruebas, pruebas y más pruebas como si la exigencia jurídica, por sí sola, pudiera detener una ofensiva política perfectamente diseñada.
Pedir pruebas es indispensable en un Estado de derecho. Pero creer que esa exigencia basta para contrarrestar una estrategia de presión, señalamiento, sanción, filtración y amenaza desde Washington es, más que cinismo, una candidez peligrosa. Sobre todo cuando, por detrás, por encima y por debajo de ti, no existe una estructura jurídica e institucional suficientemente fuerte para acompañarte, defenderte y responder con algo más que una declaración en la mañanera.
El asedio existe porque hay un calendario perfectamente establecido, amenazas reiteradas y planteamientos repetidos desde el presidente de Estados Unidos hasta distintos funcionarios de su administración. Mientras tanto, nosotros seguimos mirando al infinito, convencidos de que, como no es posible encontrar un socio comercial mejor, y como al final del día pesa aquella maldición de estar tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos, eso evitará que nos pase lo peor.
No estamos a la espera de la tragedia, lo peor ya está pasando. No........
