¿Y si el problema no es cuánto ahorras, sino para qué?
Llevas años ahorrando, revisas tus rendimientos, ajustas el gasto y pospones lo importante porque esperas el momento idóneo para casarte, cambiarte de ciudad, emprender un negocio o retirarte. ¿Y si supieras que te queda poco tiempo de vida?
A nadie le gusta hablar de la muerte, aunque sea la única cita segura en la agenda. Recordarlo de vez en cuando tiene utilidad, porque permite revisar lo que está pendiente y alinear los objetivos financieros con las metas que de verdad son relevantes. El dinero bien administrado adquiere sentido cuando sostiene una vida con propósitos.
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