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Seguridad, industria y educación: el triángulo estratégico que define el futuro

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25.01.2026

Buscando referencias sobre planeación estratégica moderna encontré una muestra de cómo se escribe una estrategia cuando el objetivo no es “ganar una guerra” sino administrar el tablero completo, con aliados, rivales, cadenas industriales, tecnología, crimen transnacional y opinión pública, todo al mismo tiempo. La 2026 National Defense Strategy de USA [1] es, en el fondo, una clase acelerada de planeación estratégica aplicada: cómo convertir incertidumbre en prioridades, cómo traducir narrativa política en líneas de acción, y cómo amarrar poder militar con poder industrial y poder diplomático sin pedir permiso a la realidad.

Lo primero que enseña el documento es que la estrategia moderna ya no empieza con el enemigo, sino con el sistema. El texto habla de “contested strategic environment” y de competencia global permanente: no es un conflicto puntual, es un estado del mundo. La lección para cualquier organización (empresa, gobierno, universidad) es brutalmente simple: si tú planeas como si vivieras en estabilidad, estás planeando para un planeta que ya no existe. La estrategia útil es la que asume fricción, cambios de reglas, presión externa y escenarios simultáneos. No se trata de predecir el futuro, sino de diseñar capacidades que funcionen incluso si el futuro sale mal.

La segunda lección es que una estrategia no es un manifiesto: es una selección agresiva de prioridades. El documento elige y repite: China como “pacing threat”, la urgencia de reconstruir disuasión, y el énfasis en velocidad. En el lenguaje corporativo, es el equivalente a decir: “si intentamos ganar en todo, perdemos en lo importante”. La planeación estratégica real no es una lista de deseos; es una renuncia explícita a lo secundario para concentrar recursos, talento y tiempo donde la ventaja es acumulativa. Mucha planeación latinoamericana fracasa por exactamente lo contrario: se convierte en un catálogo diplomático de buenas intenciones que nadie puede........

© El Financiero