Yo le creo a Fajardo
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Basta ver el momento que está viviendo la campaña electoral para comprender cuál es la Colombia que nos espera en los cuatro años que vienen, si cualquiera de los favoritos actuales gana la presidencia.
Para los uribistas Petro es el fin del mundo e Iván Cepeda es el Apocalipsis. Para los petristas Uribe es el Armagedón, Abelardo de la Espriella es el demonio y Paloma Valencia es el juicio final. No sé si tengan razón, pero cada uno de ellos se encargará de hacerles la vida imposible a sus adversarios, y por ahí derecho a todos nosotros.
Los unos prometen cárcel para este y juicio para aquel, los otros prometen eso mismo pero además extradición; alguno inclusive usa el escandaloso verbo destripar. Todos parecen ser –¡50 años después!– los aplicados herederos de la tradición de odio que nos enseñaron los liberales y los conservadores del siglo pasado.
Están empeñados en que las nuevas generaciones se echen a la espalda la cruz de sus odios viejos y de sus odios fríos, y no se dan cuenta, mientras nos venden de nuevo esa mercancía trasnochada, que es eso precisamente lo que mantiene a Colombia postrada en el atraso y la mediocridad: sin una vía completa de doble calzada entre las dos principales ciudades del país, sin presencia del Estado en la mitad del territorio, en un abandono que asusta.
Está bien que Petro haya demostrado por fin, y eso honra nuestra democracia, que un colombiano que no pertenezca a las viejas élites........
