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Cuatro años después

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22.02.2026

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Hace cuatro años, más de 15 millones de personas en Colombia votaron por un cambio. Los candidatos que llegaron a la segunda vuelta rechazaban el viejo establecimiento, el atraso económico, la pobreza extendida, la violencia de décadas, la corrupción, la ineficiencia estatal, el desprecio por la ciudadanía.

Ya no podemos saber cómo habría gobernado Rodolfo Hernández, quien saneó las finanzas de Bucaramanga, a quien los corruptos que combatió le clavaron 200 demandas, y cuya hazaña democrática fue obtener la segunda mayor votación de la historia sin comprar un solo voto. Solo podemos hablar de lo que hizo el ganador.

Colombia no está mejor que hace cuatro años, pero no creo que haya empeorado. Los males de que acusan a Petro ya existían casi todos cuando él llegó. Los cambios profundos no han llegado, y el país simplemente se sostiene en su inercia y su mediocridad. Colombia sobrevive más por el rebusque lícito e ilícito de su gente que por la eficiencia del Estado, Colombia se sostiene a pesar de sus instituciones.

Petro cree haber disminuido la pobreza porque trajo un alivio momentáneo a los bolsillos de los pobres, y aunque eso no es poca cosa, hay que saber que no es sostenible. La gente no sale de la pobreza mientras se la mantenga en condición de dependencia; eso más bien perpetúa su postración, porque sin iniciativa personal y sin una ética del trabajo las sociedades no sobreviven.

Dar subsidios puede ayudar a la gente y a la economía, pero no por mucho tiempo; la pobreza solo se supera con crecimiento real, con industria, con agricultura en grande, con infraestructura y con verdadera modernización. Repartir tierras puede ser un acto de justicia, pero si no se lo enmarca en un proyecto consistente de productividad, de vías, distritos de riego, centros de acopio, fortalecimiento del mercado interno y de las redes del comercio mundial, puede significar en poco tiempo una nueva frustración, cuando esos campesinos sin capacidad de competir tengan que vender de nuevo a menor precio los predios que el........

© El Espectador