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¿Repitiendo un fracaso?

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06.09.2026

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Cuando yo era niño, el ejército colombiano tenía la costumbre de exhibir cadáveres.

Montaban con helicópteros y con fuerzas terrestres un cerco contra Desquite, contra Tarzán, contra Sangrenegra; “los daban de baja” (para usar el nombre que más les gusta en los despachos oficiales de la vieja costumbre de matar seres humanos), y después en camiones y en volquetas los exhibían por las calles y los pueblos de Colombia, supongo que no solo para cantar victoria sino para pregonar la vieja sentencia de que “el crimen no paga”, y también para dejar en las conciencias un sabor de escarmiento.

Cada cierto tiempo, en esta historia cíclica, Colombia vuelve a exhibir sus cadáveres, y al parecer está comenzando de nuevo la ronda.

Los gobiernos siempre quisieron convencernos de que mostrar cadáveres de delincuentes es una señal de triunfo, pero la prueba de que no lo es está en que pasan las décadas, y los entierros, y los dolientes, y las lápidas, y siempre hay que volver a hacerlo. Y nuevos gobernantes vuelven a caminar entre las bolsas cada vez más blancas y modernas que guardan los cadáveres, y vuelven a decirnos con voz recia que estamos........

© El Espectador