Los papitos y las mamitas II
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Mi mamá, Yamile, me recogió temprano del colegio en un mediodía de comienzo de los 90. En el carro me explicó que teníamos que ir a ayudar en una situación familiar. Esa mañana, temprano, mi primo Marcos había tenido su sorteo de servicio militar en el INEM de Bucaramanga. Los estudiantes varones sacaban de una bolsa pelotas de ping pong de distintos colores. Había unas pocas verdes y quien sacara una quedaba exento. Mi primo sacó una de estas, verdes. De la emoción Marcos, que siempre ha sido espontáneo, tiró la pelota al piso y esta, hecha del plástico más barato, se rompió. Un militar le gritó que ahora tenía que ir a prestar servicio. Su mamá, mi tía Esther, llamó a mi tío Pedro para ver si un hombre podía mediar. No sé bien cómo fue la negociación, pero se nos exigió conseguir aproximadamente 100 pelotas verdes para las cuatro de la tarde.
Todas, dos tías, una prima, mi mamá y yo, estábamos angustiadas. En ese momento las mentadas pelotas se conseguían en bolsas de 12 y venían en colores surtidos. No había tantos sitios en dónde conseguirlas pues más que en sitios de deporte, se compraban en piñaterías. Yo........
