Un atroz delincuente llamado Epstein
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Empecemos con un aserto para caracterizar el clima de perversión que el tema requiere: hubo un criminal atroz a quien la clase dominante, en la que se movía a sus anchas, con aires de Calígula, le confirió patente de corso, lo celebró como un emperadorcito y, en vasta proporción, participó de sus conductas delincuenciales. Y cuando los “elegidos” no estuvieron en el centro de la depravación, estuvieron muy cerquita, a manteles, con Jeffrey Epstein, el del Lolita Express, ¡ay, Nabokov!
La enfermedad la produce el capitalismo y la amplifican los magnates, los políticos, los que están al servicio de la explotación de la mano de obra, los que reprimen, los que echan el agua sucia a los inmigrantes. Los que, con el poder del dinero y de la política, el sistema pútrido los autoriza; entonces cabalgan sobre las miserias del mundo y gozan en sus orgías y banquetes que desbordan la imaginación, que hasta los descritos por Petronio se quedan en palotes.
Se habla de un criminal de marca mayor. Disfrazado de financiero, con acreditados amigos de la élite mundial, hipnotizado por el poder, que levantó una fachada para camuflar su vocación de depredador. Su aparataje........
