¿Quién le teme a la poesía política?
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La poesía, madre de la filosofía, está vinculada desde el principio de los tiempos —en caso de que estos hubieran tenido un comienzo— con la política, que no es solo el arte de conducir a los pueblos, a veces hacia el matadero, sino también la capacidad de comprender y combatir el poder, cualquiera que sea su rostro. La política está presente en la Ilíada y la Odisea, en los relatos mitológicos de la Biblia, en la Comedia (tan divina ella) de Dante. Poesía y política, amantes desde siempre, comparten una misma esencia.
No hay que confundir poesía con propaganda. Ni con proselitismo. Tampoco con la vulgaridad de una tonadilla desechable que pueda formar parte de una campaña electoral. “¡Ustedes, cómodos pequeño-burgueses! / ¡Oh, malditos sean, tres veces! / Y mis poetas, / ¡oh, benditos sean mil veces!”, decía el gran Mayakovski, el suicida, en su Oda a la revolución. Poesía y política. Solo hay que leer a Vallejo: “Y el cadáver, ay, siguió muriendo”.
Cuando alguien dice que la poesía no debe contaminarse con la política, que no es para abrir los ojos ni sensibilizar sobre la explotación del hombre por el hombre, se incurre........
