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El sueño latinoamericano

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25.03.2026

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Los gringos putañeros han tocado a mi puerta. Llegaron con su sonrisa y su generosidad para el portero del edificio. Trajeron además un guía culebrero para que les ayude con sus vueltas y sus citas. Un taxista que es a la vez escolta, mensajero, consultor legal e ilegal, agente inmobiliario y dealer. El primer día que lo vi, venía acompañado de dos jóvenes a las que se les intuía la tarjeta de identidad. Lo miré por la ventana con el ojo inquisidor de mi celular y comenzó a insultarme como un energúmeno. No pude más que responderle con la misma devaluada moneda. Cerró su puerta blindada para acallar mis insultos y a los tres minutos había sacado de afán a una de sus “amiguitas”. Con paciencia y ya menos rojo recibió a la policía. Entraron, hablaron, buscaron y salieron. Pero al menos quedaba una advertencia.

En realidad, algunos extranjeros con parejas de día de por medio........

© El Espectador