Una historia íntima del imperio
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Me pasé el comienzo de enero pegado a la pantalla. En ella, Donald Tiberius, Little Marco y Pete Hegseth. Durante un discurso ante 800 generales y almirantes en Virginia el 30 de septiembre de 2025, este último había prometido devolver a los “guerreros americanos” la libertad de “matar personas y romper cosas”. Esta vez, el triunvirato que gobierna a los Estados Unidos de América aparecía en nuestros televisores para anunciar el cumplimiento de esa promesa.
Esa madrugada, el ejército de los Estados Unidos había descendido sobre una de las capitales de Latinoamérica, mató gente y rompió cosas. Una de ellas fue el derecho internacional. Otra, la posibilidad de una transición pacífica y democrática. ¿Quién será el próximo? ¿Colombia? No. Groenlandia. Podría ser una parodia de Monty Python, escribe el exsecretario del trabajo estadounidense Robert Reich. “Un presidente estadounidense exige el Premio Nobel de la Paz (que inicialmente deletrea “Noble”), después de convertir el nombre del Departamento de Defensa al Departamento de Guerra y secuestrar al presidente de un país latinoamericano por la fuerza”.
Y cuando no le dan el premio, aunque María Corina le cedió su medallita, decide que ya no le interesa la paz........
