La red de mujeres poderosas al servicio del presidente
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En el agobiante ocaso del Gobierno del Cambio, con pesada mochila de escándalos de corrupción, se esperaba que Gustavo Petro ya no sorprendiera ni generara más rechazo. Aunque defender de las acusaciones a su círculo cercano para endilgarle la culpa a sus enemigos ya era usual, el “macrocaso” de las hermanas Guerrero y otras mujeres influyentes en la contratación con entidades estatales cayó cual tsunami. Al ataque enemigo le agregó una variante: los inescrupulosos eran los empresarios engañados que corrompían su administración. Ahora se sabe que tras un modesto cobro inicial por atender una cita, las intermediarias exigían 200 millones de pesos para mover hilos e incidir en los procesos contractuales con 10 % por el éxito del trámite e indicaciones para ocultar lo recaudado.
Hubo reacciones del clan Petro a la banda de timadoras. “No es un sex symbol, yo lo veo hasta feito”, afirmó su hija Andrea. “No defiendas lo indefendible”, le recomendó Mary Luz Herrán, exesposa. Hurgando el oscuro trasfondo, el patriarca trinó que “la cercanía política no la mido por la belleza sino por la coherencia… Llevan años tratando de construir relaciones sentimentales mías con........
