Escuela Monferrina
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Hay restaurantes que se vuelven conocidos por un plato, y otros que, con el tiempo, terminan convirtiéndose en una escuela. En La Monferrina (@lamonferrina) las dos cosas se cumplen a cabalidad. Detrás de su pasta, de la carbonara que llena mesas y del pan que llega caliente, hay una historia construida con máquinas de segunda, errores, jornadas imposibles y personas que aprendieron el oficio trabajando. El hilo de esta historia es un equipo humano ejemplar.
El sueño inicial era montar una fábrica de pastas, después de estudiar y trabajar en Buenos Aires. La realidad puso el primer límite: la maquinaria industrial costaba casi…
El sueño inicial era montar una fábrica de pastas, después de estudiar y trabajar en Buenos Aires. La realidad puso el primer límite: la maquinaria industrial costaba casi tres veces el presupuesto disponible. Tocó empezar distinto: una máquina manual comprada en un anticuario para estirar masa a pulso, una batidora doméstica que apenas aguantaba una libra por tanda, y equipos rescatados del remate de una panadería del barrio El Polo.
El primer restaurante era prácticamente un garaje. La cocina tenía estufa, freidora básica y un horno enorme junto a un pasillo que era tan estrecho que clientes y cocineros se turnaban para pasar, y para sacar una bandeja........
