Antes de que sea demasiado tarde
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Hay una costumbre que deberíamos perder cuanto antes: enterarnos de que un emprendimiento existe el día que anuncia que va a cerrar. Es curioso. Durante meses, incluso años, un pequeño restaurante, una panadería, una cafetería, una librería o un negocio de barrio intenta sostenerse en silencio. Abre todos los días. Paga nómina. Compra insumos. Resiste aumentos de servicios, impuestos y arriendos, más la incertidumbre de una economía que hace mucho dejó de ser amable con los pequeños empresarios. Pero casi nadie habla de ellos.
Entonces llega el video por las redes. El dueño aparece con los ojos aguados, la voz entrecortada y una frase ya demasiado frecuente: “Nos toca cerrar”. Y ahí si llegan miles de comentarios, cientos de compartidos y decenas de personas prometiendo que “este fin de semana sí iban a ir”.
La pregunta incómoda es inevitable: ¿por qué esperamos a que alguien esté a punto de desaparecer para demostrarle que nos importa?
Comprar local no es un acto de caridad. Es una decisión económica, social y profundamente humana. Cada vez que elegimos el café del barrio en lugar de una cadena multinacional (me incluyo), el........
