Mi abuela Margot y su revolución
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Margot nos desespera, pero no es culpa de Margot. Yo trato de tenerle paciencia porque hago el esfuerzo de mirar a través de sus ojos: pide que la llevemos al Jardín Botánico y cuando le hacemos caso, el recorrido nos irrita: se detiene en cada flor y enumera sus colores o pregunta sus nombres. Y las mira y las toca como una novedad. Mi mamá, mi tía o mi hermano, que viven con ella, le dicen: “Síí,........
