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El prestigio de la belleza

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28.03.2026

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El prestigio de la belleza es antiguo y perenne. El tiempo no opaca su brillo. Trasciende lo estético e invade incluso los dominios del conocimiento, la sicología y la moral. A los matemáticos los conmueven la belleza de ciertas fórmulas y de ciertas demostraciones. Tendemos a pensar que las personas bellas son inteligentes y honradas. Lo feo nos causa repelús, dispara nuestras alarmas.

En su Poética, Aristóteles sentó la regla de las tres unidades: un drama bello, dijo, debe abarcar un tiempo menor que un año, transcurrir en un mismo sitio y tratar de un solo asunto.

Óscar Wilde la consideró «una obrita perfecta de crítica literaria» porque es un libro flaco, es decir, esencial.

Vitrubio, el romano, dijo que el diseño de las casas, los muebles y los utensilios debía ser bello, firme y funcional. Hoy añadimos tres condiciones: el utensilio debe ser delgado, minimalista y muy caro.

La belleza aludía a la forma, claro, pero llevaba implícita la exigencia de que el contenido fuera noble y verdadero. Se daba por sentado que la mentira era ruin y fea.

Las cosas empiezan a cambiar en el siglo XIV, cuando Bocaccio romantiza el trabajo de los pillos y las prostitutas, y cuenta sin escandalizarse las travesuras sexuales de unas monjas. En el siglo XVI, Rabelais imagina un........

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