menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

‘Las cuatro mujeres de Dios’

17 0
28.02.2026

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

Las cuatro mujeres de Dios, de Guy Bechtel, es un clásico de la teología que estudia los cuatro estereotipos eclesiásticos de la mujer: «la puta, la bruja, la santa y la tonta». En suma, es una compilación de la milenaria (casi digo maricona) misoginia de la Iglesia católica.

Aquí solo glosaré el capítulo dos, «La puta», tomado este vocablo en la acepción eclesiástica, la mujer que copula con ganas y sin sacramento, o con sacramento pero sin fines reproductivos, «reservando el vocablo prostituta para las profesionales» puntualiza Bechtel.

La mujer es maldita desde el Génesis, cuando Eva incitó a Adán al pecado y, no contenta con esto, lo montó, algo imperdonable porque su lugar natural era debajo del hombre, el rey de la creación. «La mujer busca la postura dominante como una puta en un burdel, como la hembra lúbrica que siempre será», ironiza Bechtel. La reputación de la mujer se agravó cuando las hijas de Lot lo embriagaron y «lo conocieron».

La Iglesia tiembla no solo ante la puta sino ante el deseo en general, con todo lo relacionado con el cuerpo, ese lastre que nos impide volar al cielo. Aunque condena a las putas, la Iglesia tolera la prostitución como una válvula de escape. Tomás de Aquino decía que un pueblo sin burdeles era como un castillo sin letrinas.

En De conceptu mundi, el papa Inocencio III anotó........

© El Espectador