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Dos fusilamientos

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22.07.2026

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Preparen, apunten, fuego. Sonaron los disparos y de espaldas al pelotón de fusilamiento cayó desvanecido y sin vida el cuerpo de Francisco Morales, aquel héroe del grito de independencia de Colombia, convertido años después en un prócer.

El 20 de Julio de 1810, a eso de las 11 de la mañana, salieron de su casa en la Calle de la Rosa en el barrio la Candelaria, Francisco Morales y sus dos hijos, Francisco Morales Galavis y Antonio Morales Galavis, para dirigirse a la tienda del español José González Llorente en la calle real de Bogotá, hoy esquina de la plaza de Bolívar, con el fin de pedirle prestado un par de hermosos floreros que servirían de adorno para un evento social.

Llorente bastante indignado con la petición de los criollos se rehusó de manera brusca a la solicitud de los Morales, e imprudentemente se expresó de forma ofensiva contra los americanos a quienes trató de hambrientos, ingratos y estúpidos.

Como era natural, los Morales se sintieron ofendidos en su orgullo y Antonio, el más atrevido de los tres, poniéndose al frente del osado español, le dio una fuerte bofetada.

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