Vacación de la vacación
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Qué alegría volver al trabajo. Qué bueno descansar de las vacaciones. Qué suerte remontar la montaña rusa de la alta temporada sin morir en el intento. Qué maravilla bajarle al trasnocho, recuperar el sueño, normalizar la digestión, desoxidarse y parar de atiborrarse de viandas y alcohol. Qué justo que el planeta se reponga un tris de la infernal huella de carbono alada y sobre ruedas de la temporada decembrina.
Para un escritor entregado enfermizamente a su labor, las vacaciones no entrañan reposo sino trabajo extra. Su atención se bifurca, se duplica, superpone el universo del libro que está gestando con el mundo nuevo de rostros, historias y horizontes que el turismo brinda noche y día. Un viaje no hará más que agregar asombros, preguntas, pesquisas, lecturas, proyectos, parajes, afectos y remembranzas a su atareado corazón febril.
Tras preguntarme si pienso escribir sobre República Dominicana en la columna, ante mi silencio obstinado, mientras contemplamos la puesta de sol en el malecón de Santo Domingo, el poeta Frank Báez sentencia:
―A ti te cuesta escribir sobre la felicidad.
Le respondo en verso: “La felicidad es grande como una piscina./ Más de tres horas........
