La italiana y la española
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De visita en Barcelona por Sant Jordi, día del libro, Barclays, escritor itinerante de dudoso éxito, se enamoró, en apenas una semana, de dos mujeres muy guapas, inesperadamente guapas, quienes, para su sorpresa, habían leído sus libros, lo que inflamó todavía más la vanidad del escritor. Turbado por la belleza de aquellas jóvenes, Barclays sobreestimó sus dotes de seductor y procuró tener intimidad con ellas, pero sus pretensiones de antiguo conquistador fueron desestimadas, quedando humillado, mordiendo el polvo amargo de la derrota.
La primera de ellas se llamaba Laura y había volado desde Nápoles para saludar a Barclays, pues había leído un par de novelas suyas traducidas al italiano, y le hacía ilusión conocerlo. Cuando la vio allá lejos, en fila, aparentemente sola, acercándose a él, Barclays se atacó de palpitaciones, empezó a transpirar y se preguntó si esa joven tan bella no estaría en la cola equivocada. Pues no: se dirigía con una sonrisa a conocer a Barclays, quien, sentado en una caseta a la sombra, atendía pacientemente a sus lectores. No dudó Barclays en ponerse de pie y, confianzudo, besar en las mejillas a esa mujer tan linda, mientras pensaba: “Hacía mucho tiempo que no le firmaba un libro a una lectora tan guapa”. Laura era alta, delgada, el pelo ensortijado, y llevaba un pequeño aro dorado inserto en los labios y otro perforado en la nariz. Su mirada era pícara, traviesa, y hablaba un español decoroso. Le dijo a Barclays que lo había leído en varias traducciones al italiano. Barclays le firmó su más reciente novela: “Para Laura, rendido ante tu belleza, con la ilusión de volver a verte”. Al sentarse en una silla precaria, Barclays perdió el equilibro, cayendo hacia atrás. No llegó a golpearse la cabeza, gracias a que su editor catalán lo sostuvo a tiempo, mientras se desplomaba, pero hizo el ridículo ante Laura, quien, riéndose, vio cómo ese hombre de sesenta años, subido de peso, mal dormido, rompía la silla y se venía hacia atrás, como una foca resbaladiza. Asustado, Barclays se recuperó del percance, agradeció a su editor por ahorrarle un golpe que pudo ser doloroso y, fingiendo........
