Un orden, una orden, las órdenes
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Es bonito que en español baste poner la misma palabra en masculino o en femenino para que su sentido cambie completamente: un orden no es lo mismo que una orden. En masculino, orden es la disposición de las cosas en el lugar que les corresponde; es una regla para situar correctamente, según un diseño bien definido, asuntos o personas: un orden de llegada, un turno, una prelación. En femenino, en cambio, una orden, es un “mandato que se debe obedecer, observar y ejecutar”. A los mandatarios, que suelen ser mandones, les gusta dar órdenes, y creen que estas se deben cumplir como si de verdad las palabras hicieran milagros. Como si la orden fuera un conjuro, un ensalmo que por arte de magia se cumple de inmediato.
No me aparto de mi intención de no hablar de política colombiana; voy a hablar de un tema médico. Hace una semana larga el presidente de la república dio la orden de que a un niño que sufre de una grave afección cardiaca se lo atendiera y se le hiciera un trasplante. La orden parece muy normal y loable. Además —lo más importante para el........
