Por los átomos de esperanza
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Envío esta columna el 25 de enero, día en el que mi mamá cumpliría 99 años. Mi mamá honró la vida; la suya y la de todos. Honró la verdad, el amor por el arte y el arte de enseñar con amor; y tres consignas en su corazón de maestra: mantener viva la curiosidad (la emoción por descubrir, por aprender, por vivir), encontrar lo mejor en cada uno y jamás menospreciar a nadie.
Hizo cuanto estuvo en sus manos para espantar tristezas propias y ajenas, y si existía la más mínima posibilidad de encontrar siquiera un átomo de esperanza en medio de una situación desoladora, ella lo encontraba, lo rescataba y lo multiplicaba en una sonrisa genuina, en una palabra positiva, una expresión de gratitud, una luz de sabiduría soltada con la mayor sencillez, como si no estuviera dando una poderosa lección de amor y filosofía, sino un pedacito de pan.
No cayó en obviedades ni........
