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A Cartagena, una colombiana que nacerá después del terremoto

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14.08.2026

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Hija: todavía no sé el color de tus ojos, pero estoy seguro de que cuando los abras Colombia estará de pie. Con heridas, sí, pero erguida, digna, solidaria y viva. Lo primero que te diré es que antes del lunes 10 de agosto de 2026, ningún lector de estas frases sabía dónde quedaba San José del Palmar en Chocó. El terremoto nos enseñó geografía.

Poco a poco escucharás los nombres de las capitales de los 32 departamentos. Naciste en época de IA, entonces no tendrás que memorizarlas, pero lo que no debes olvidar es que la capital del Chocó es Quibdó. Ahí nació un crack del fútbol colombiano, Jhon Arias. Él ha triunfado en Brasil y aunque mide menos de ciento setenta centímetros, comprobó su grandeza gigantesca al movilizar al fútbol brasilero y mundial para llevar ayuda a su pueblo natal. Cuando leas esto, Jhon bailará salsa brava. Porque es heredero del sabor que germina y vacila aún ante las penas más jodidas. En su playlist suenan y resuenan las canciones de otro quibdoseño cuya música lo hizo inmortal: Jairo Varela. La RAE manda que ese no es el gentilicio de Quibdó, pero no le hagas caso, en palabras chocoanas la Real Academia verdadera es Jairo Varela. Y si él canta que es quibdoseño, no hay RAE que valga. Contempla sus letras y sonidos, y canta el himno al río Atrato: “Y poder cantar/ de orgullo gritar/ que soy aguajero señores/ yo soy atrateño […] y la vida quiso que yo fuera quibdoseño/ orgulloso soy atrateño/ […] vengo subiendo y voy pa’ arriba/ de Bebará hasta Cabí/ mi melodía”.

Fue a las 7:34 a.m. La tierra nos recordó otra lección que quiero que aprendas, somos frágiles. En un instante la muerte nos sorprende y muchas veces no podemos encontrar los cuerpos de los seres amados. El duelo nos oprime en estos momentos en los que se perdieron amigos, familiares, nonos, padres o hijos. Y perder un hijo se vuelve inenarrable, es Lo que no tiene nombre, como lo dejó poéticamente escrito Piedad Bonnett, una escritora que no tiene libro........

© El Espectador