¿Apuestan por un animador chabacán?
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Un comediante gracioso, ingenioso y repentista que se burlaba de la cotidianidad en un programa de televisión dominical que se emitió durante casi dos décadas terminó siendo elegido presidente de su país. Jimmy Morales gobernó Guatemala entre 2016 y 2020. Ganó gracias a la popularidad que le dio su oficio, pero, ante todo, debido al hastío de los votantes con la clase política y sus escándalos de corrupción. Desde el principio, sin embargo, los analistas serios dudaban de su capacidad para dirigir el Estado y lidiar con los vericuetos del poder, por su nula experiencia en asuntos oficiales (ver). Los pronósticos más pesimistas acertaron y, aun así, se quedaron cortos: el entorno del presidente-cómico, incluso su hermano –también actor cómico– y su hijo, se manchó con negocios turbios y defraudación de dineros públicos, entre otros líos. Morales resultó ser un inmoral. Además, y como típico populista que era, el neófito mandatario no tardó en poner en práctica sus inclinaciones autoritarias: restringió, con maniobras oscuras, el proceso en su contra por la financiación oculta de su campaña por parte de unos empresarios, a pesar de que había reiterado cien veces que no recibiría aportes; violó la orden de la Corte de Constitucionalidad cuando expulsó a la........
