Los altos soles y la nueva realidad
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El mensajero de estos días prolongados es el sol. Fulmina con rigor los suelos y las ventanas sin pedir permiso, sin aviso previo, por derecho propio. Grita, muerde, tuesta a una población que no está acostumbrada a sus alargadas flechas de guerra. Aunque uno busque refugio debajo de un techo o de un árbol, este intruso obliga a quitarse todo abrigo artificial y a tomar agua, mucha agua.
Poblaciones no habituadas a sus punzadas reciben el sol con alborozo los primeros días de su ataque. Pero cuando las jornadas se vuelven más asiduas y penetrantes, los habituales habitantes de climas fríos sienten que algo de su identidad está…
Poblaciones no habituadas a sus punzadas reciben el sol con alborozo los primeros días de su ataque. Pero cuando las jornadas se vuelven más asiduas y penetrantes, los habituales habitantes de........
