Dios es redondo y no es colombiano
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Frente al acierto del último disparo, los jugadores de Suiza corrieron para abrazarse y celebrar su victoria; entonces apareció, a mi lado, el llanto incontrolable de mi sobrina (quien vivía su primer Mundial como hincha de la selección Colombia). Esta tristeza le hizo formular la cruel pregunta: —Tío, ¿por qué siempre perdemos? (Por su corta edad, solo recordaba la derrota de la final de la Copa América 2024). Aquella pregunta, lacónica y sin respuesta fácil, me devolvió a un viejo tema: ¿Es Colombia un equipo hecho para la derrota?
Mi duda encontró una primera luz cuando escuché las declaraciones en caliente del gran lateral y guía de oraciones Daniel Muñoz: “Lo primero, darle la gloria a Dios, toda la gloria es para él. Por él estamos acá. Lo dimos todo. El destino era ese y estaba escrito que tenía que ser así; se cumplió su voluntad. Es aceptar su voluntad”. Pero no podía responderle esto a mi sobrina: “Hay un destino, Dios quiere que perdamos, quizás es argentino o francés, y debemos aceptarlo, porque es su voluntad”. Preferí la respuesta de siempre, la que nunca falla y que mantiene la fe viva: —Es suerte; algún día nos tocará ganar. Una respuesta desde la fe (me diría Juan Villoro) porque la fe no se define por el milagro, sino por la espera del milagro.
Pero la reflexión apenas empezaba. ¿Muñoz me había arreglado el día? Para sobrellevar la derrota bastaba convencerme de........
