Yo, el supremo
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Una nueva generación de dirigentes trae de vuelta fantasmas que parecían enterrados.
El mundo creyó haber dejado atrás los años de hombres supremos: aquellos líderes que encarnaban el Estado, que llevaban la muerte en sus palabras y sumieron al mundo en el peor de sus tiempos.
Las últimas décadas del siglo XX estuvieron marcadas por el optimismo. Eran los últimos años del milenio: aumentaba la confianza en las instituciones y sociedades de todo el mundo celebraban el heroico viaje emprendido por la humanidad tras el infierno de las guerras mundiales. En palabras de Francis Fukuyama, la historia había concluido y se abría en el mundo “un periodo de democracia, paz y unidad”. Parecía que, en el futuro que hoy habitamos, los países vivirían centrados en el progreso, alejados de conflictos y revoluciones.
Poco queda hoy de ese espíritu. Atrás quedan las décadas de cooperación internacional, desarrollo económico y gobiernos tecnocráticos que tanto optimismo inspiraron. El poder global se concentra hoy en manos de una generación de líderes desafiantes: dirigentes que aspiran definir su época, concentrando poder, ambición y relato nacional. Ha vuelto el tiempo del strongman.
Son los líderes de las tres grandes potencias del sistema internacional: Donald Trump en Estados Unidos, Xi Jinping en China y Putin en Rusia, a los que buscará unirse Narendra Modi en India. Pero la constelación no acaba allí. A su alrededor gravitan actores clave: Giorgia Meloni en Italia, Recep Tayipp Erdogan en Turquía y Mohammed Bin Salman en Arabia Saudí; así como la Corea del Norte de Kim Jong-Un, el Israel de Benjamin Netanyahu y el Irán de Jamanéi.
La magnitud de su poder........
