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"¿Quédese en casa?, si puede"

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17.04.2026

Desde instancias europeas se traslada a los Estados miembros —y, por extensión, a los ciudadanos— la conveniencia de usar menos el coche, fomentar el teletrabajo y reducir desplazamientos, entre otras medidas de "choque". No se trata en esta ocasión de una consigna ambiental, sino de un mensaje que finalmente tiene un cierto calado económico.

Europa transmite la sensación de seguir sin afrontar con decisión algunos de sus problemas estructurales y, ante la situación generada en el estrecho de Ormuz —uno de los principales cuellos de botella energéticos del comercio mundial—, parece optar por pedir a su propia población que reduzca su actividad. El mensaje implícito es nítido; el ciudadano, en lugar de ser el centro de una economía dinámica, pasa a convertirse en el responsable último de absorber y amortiguar choques que, en buena medida, ya eran previsibles desde hace años.

El "quédese en casa", más allá de su significado social inmediato, tiene un coste económico directo. Cada jornada de teletrabajo masivo se traduce en menos consumo en el entorno urbano; cafeterías, bares, transporte público, comercio local y servicios de proximidad ven reducida su demanda. El tejido de pymes —mayoritario en la Unión Europea—, que depende en gran medida de la interacción física, es sin duda el más afectado.

La economía no crece cuando se reduce la circulación de........

© El Economista