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Las cifras y el 'infierno fiscal'

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11.04.2026

En la conocida obra de teatro, "a puerta cerrada", de Jean Paul Sartre se decía que el "infierno son los otros". Y casi siempre, la calificación de "infierno fiscal" es la que se reserva a la gestión de otro partido político. Coincidiendo con el inicio de la campaña de renta, Alberto Núñez Feijóo calificaba la gestión en materia de impuestos de Pedro Sánchez como un "infierno fiscal" para los españoles. El presidente del PP ha denunciaba que el Ejecutivo había acometido más de 100 subidas de impuestos. La respuesta del ministerio de Hacienda destacaba que no había datos que avalasen que España era un "infierno fiscal" y señalaba que las "más de 100 subidas de impuestos" "eran cálculo torticero que omite todas las rebajas fiscales aprobadas por el Ejecutivo progresista. Bajo esta misma metodología, el PP de Rajoy elevó 137 veces los impuestos durante su etapa."

Más allá de que los calificativos son libres, la primera pregunta qué se hace cualquier español es si paga más impuestos que antes o no. Pues de acuerdo con la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE), en 2025 la recaudación total de impuestos y cotizaciones sociales de las Administraciones Públicas fue de 641.669 millones de euros, lo que, por supuesto constituye el récord de recaudación, y es un 51,51% más que en 2018. Entre 2018 y 2025 el Producto Interior Bruto (PIB) creció, en términos nominales, un 39,17%. Esto quiere decir que la recaudación subió más que el PIB, y que la presión fiscal aumentó. Efectivamente, en 2025, la presión fiscal interna (es decir que no incluye los conceptos que van directamente al presupuesto de la Unión Europea, como los aranceles) ascendió al 38,03%, con una subida de 3,09 puntos de PIB respecto a 2018. Es decir, sí, en España estamos pagando más impuestos que nunca, tanto en términos absolutos como relativos.

La segunda pregunta es de dónde viene este récord recaudatorio. Pues en primer lugar de que los impuestos han subido. La subida de la presión fiscal ha supuesto unos ingresos adicionales de impuestos y cotizaciones sociales de 52.256 millones de euros, resultado simplemente de multiplicar el aumento de la presión fiscal por el PIB de 2025. ¿Cuál de las medidas de subidas de impuestos aprobada fue la que más subió la presión fiscal? La respuesta es que ninguna. Casi la mitad (un 42%) del total de subidas de impuestos se debieron simplemente a la progresividad en frío en el IRPF. Como comentábamos la semana pasada en elEconomista.es, en 2025 volvimos a batir el récord del tipo efectivo en el IRPF, y esto ha supuesto una subida de impuestos mínima de 22.000 millones de euros.

Desde la rebaja del IRPF de 2015-2016 no se han adaptado ningún parámetro del IRPF a la inflación. Esto ha supuesto que los contribuyentes que tuvieron aumentos de rentas nominales, simplemente para compensar la inflación (y en muchos casos no llegaron a hacerlo) tuvieron que pagar más IRPF, cuando su capacidad económica no había aumentado, o incluso se había reducido. El tipo medio efectivo de los contribuyentes en el IRPF ha pasado del 12,7% en 2018 al 15,1% el pasado 2025, con unas rentas reales, que no son superiores, y mucho menos en casi un 20%, que es lo que ha subido el tipo medio efectivo de nuestro principal impuesto.

Si tenemos un "infierno fiscal" no es caliente sino helado. Lo relevante no es el número de subidas y bajadas de impuestos, sino el impacto que producen. Y en este periodo "frío", casi nada pasa por el Congreso. Así, la mayor subida de impuestos de la democracia, este aumento del IRPF por pura progresividad en frío, no lo ha aprobado el Congreso. También ha habido bajadas y subidas de impuestos, que no han sido menores, como los 13.000 millones de subidas en impuestos gestionados por la Agencia Tributaria el año pasado. Al final, el neto ha sido una subida de impuestos de más de tres puntos del PIB en los últimos siete años.

Entre 2018 y 2025, el Instituto Nacional de Estadística (INE), tras varias revisiones al alza en estos años, ha estimado que el PIB per cápita ha crecido un 9,8%. El efecto de este aumento en la recaudación es inferior a las subidas de impuestos, unos 41.500 millones de euros. Hay otro componente del PIB real, que es el aumento de la población, ya que hemos pasado de 46,5 millones de personas en 2018 a 49,5 millones al terminar 2025. Y esto puede haber supuesto otros 17.300 millones de euros de recaudación adicional. Conviene distinguir ambas fuentes de crecimiento de los ingresos, porque tener una población más rica supone una menor demanda de gasto público, mientras que el crecimiento de la población supone una mayor demanda de gasto y servicios públicos, especialmente si es por inmigración.

Lo que queda del aumento de recaudación, y que no se debe ni a aumentos de impuestos, sean decididos en los Parlamentos o a la heladora progresividad en frío del IRPF, ni tampoco al crecimiento real de la economía, se debe simplemente a la inflación. Entre 2018 y 2025 el PIB real creció un 13,9% mientras que el nominal lo hizo un 39,17%. La diferencia es el denominado "deflactor del PIB", es decir la inflación interna o de la producción. Y la inflación, que como señalaba Keynes, también es un impuesto, ya que las bases de casi todos los impuestos se expresan en magnitudes monetarias, hace que recaudemos más. Esto probablemente explique los restantes 107.000 millones, es decir cerca de la mitad del aumento recaudatorio de 218.156 millones de euros. Este reparto entre crecimiento real, subidas de impuestos e inflación se puede afinar, y por supuesto, discutir. Pero, lo que resulta indiscutible, al menos si uno acepta las cifras del INE y la IGAE, es el récord tanto de recaudación de impuestos, como de presión fiscal. Esto significa tanto que pagamos más impuestos que nunca, como que los impuestos subieron en una cuantía importante entre 2018 y 2025.

¿Esto es un infierno (helado) con el que habría que terminar? Pues, aunque nuestra situación fiscal no es mala, tampoco es idílica: con el envejecimiento de la población, tendremos que destinar cada vez más dinero a pensiones y a sanidad: contener el gasto no va a ser fácil ni indoloro. Además, tendremos que gastar más en defensa. Y en 2025, pese al récord de recaudación, tuvimos un déficit del 2,4% del PIB, 39.330 millones de euros. En estas circunstancias, dejar permanentemente de recaudar cuantías importantes puede resultar, desgraciadamente, contraproducente e infernal, salvo que seamos capaces de recortar sustancialmente el gasto.

Lo que sí me parece, sin ninguna duda, infernal es el despilfarro y la corrupción con el dinero público. Que la campaña del IRPF haya comenzado con juicios importantes de corrupción puede resultar especialmente desmoralizador para los ciudadanos en el momento en que tienen que presentar su declaración de IRPF, esencialmente porque es desmoralizado. En cualquier caso, piense que casi todo el dinero se utiliza correctamente en sanidad, pensiones o educación (por citar las principales partidas de gasto), y también en policía y justicia para la lucha contra la corrupción. Otro aspecto muy mejorable es que los ciudadanos sepan a dónde va el dinero de sus impuestos, y para eso, lo primero es tener unos presupuestos esta legislatura. Que el gobierno no presente presupuestos en toda una legislatura no sólo incumple la Constitución, sino que creo que es un infierno fiscal, y, sobre todo, democrático.

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