La guerra en Irán y sus consecuencias
La primera víctima de una guerra casi siempre es la verdad, y su sustituto habitual es la propaganda. El pasado sábado, Estados Unidos e Israel iniciaron hostilidades abiertas contra Irán con el bombardeo en Teherán de un edificio en el que se celebraba la reunión entre el líder Supremo, Alí Jamenei y la cúpula militar iraní. El objetivo militar, la muerte de Jamenei y los altos mandos militares se consiguió. Lo que no está tan claro es que Estados Unidos e Israel estén consiguiendo sus objetivos políticos. Entre otras cuestiones, porque estos objetivos no terminan de estar claros, especialmente en el caso norteamericano. Eso sí, como cualquier guerra, aquí hay costes y bajas para todos los implicados, e incluso para el mundo entero.
Para comprender la situación, habría que remontarse a los orígenes, que, por supuesto se derivan de la revolución de 1979, en la que Jomeini depuso al Sha de Persia instaurando una República Islámica, es decir una teocracia islamista chiita.
En estas más de cuatro décadas, la República Islámica de Irán ha destinado sus ingresos petrolíferos a armarse y a armar a grupos terroristas, como Hezbola en el Líbano, y a buscar por todos los medios, armas nucleares. Sus fuerzas armadas, es decir el ejército y los fanáticos de la Guardia Revolucionaria combatieron en una guerra abierta, derivada de la invasión del Irak de Saddam Hussein en 1980 y que duró ocho años.
Esto quiere decir que Estados Unidos e Israel no se enfrentan a un gobierno de bandidos que se hayan hecho con el poder, sino con un régimen asentado, pese a que las protestas callejeras puedan haber dado otra impresión.
Hay dos antecedentes inmediatos en esta guerra. El primero de ellos es la invasión rusa de Ucrania. Desde 1945 ha habido múltiples violaciones del Derecho Internacional, y también del Derecho Internacional........
