Las guerras internas que dinamitan el escudo social de Sánchez
La situación es muy preocupante porque la guerra va para largo y los precios del petróleo amenazan con alcanzar los 120 dólares en las próximas semanas ante el incremento de las hostilidades. El miércoles pasado, el ataque israelí al complejo gasístico de South Pars, que contienen la mayor depósito de reserva iraní catapultó el petróleo hasta los 118 dólares, aunque luego retrocedió. El Ejército iraní advirtió que consideraba «objetivos legítimos» todas las instalaciones energéticas de los países del Golfo y La Guardia Revolucionaria identificó cinco de estas instalaciones, en Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Catar, que "serán objeto de ataques".
Irán respondió con un brutal ataque contra la ciudad industrial de Ras Laffan, la principal instalación gasística del mundo, que abastece el 20% del mercado, a la que ocasionó "daños considerables", que pueden tardar varios años en repararse. También lanzó misiles para frustrar la salida del crudo a través del oleoducto de Arabia Saudí que desemboca en el Mar Rojo, entre otros ataques a refinerías de varios países de la región. Estos incidentes muestra que la guerra escapa ya al control de Trump y abre un capítulo, que hace temer un conflicto energético con consecuencias económicas mundiales a medio y largo plazo.
Trump intentó calmar los mercados echando la culpa a su socio israelí. Aseguró que él no sabía nada y volvió a repetir la monserga de que la guerra terminaría pronto. Pero el hecho de que el Pentágno haya pedido un ampliación de 200.000 millones al Congreso y el envío este viernes de tres buques de guerra y miles de infantes de marina a la zona demuestra que sus intenciones son otras muy distintas a las que declara.
La subida del petróleo no sólo tendrá repercusión sobre el coste de los combustibles. Como han advertido esta semana tanto la Reserva Federal americana como el BCE, la inflación se incrementará tres y siete décimas a uno y al otro lado del Atlántico, respectivamente. Es decir, que se trasladará a los precios de los bienes de consumo.
En Europa será donde sufriremos las peores consecuencias, porque además mermará el crecimiento y anima a retomar la subida de los tipos de interés, que se utiliza como referencia para los préstamos al consumo o para las hipotecas.
Los expertos consultados por elEconomista estiman la subida para una hipoteca media de 172.000 euros durante 25 años en unos 544 euros. ¿Y cómo pensaba el Gobierno compensar a los ciudadanos ante un conflicto sin fin y una inflación persistente? Acelerando a la transformación energética.
El Gobierno incluyó el recorte a los carburantes porque la oposición le exigió la medida
La idea originaria era presentar un paquete de medidas sin tocar el precio de los carburantes para el gran público, sólo para los profesionales. La preocupación, en este momento, es rellenar el depósito del coche. Pero en vez de bonificar las gasolinas o gasóleos, elaboró un plan para que nos pasemos al coche eléctrico, coloquemos un autoconsumo en nuestras vidas o rehabilitemos la vivienda habitual para mejorar su eficiencia.
Y ¿qué tiene que ver eso con el alza del crudo? Básicamente nada, pero se adapta como un guante al discurso sobre la transición energética, del que este viernes volvió a presumir tras aprobar el decreto. El apagón, que cumple ahora un año, fue causado por un exceso de renovables en el mix eléctrico, para evitar la utilización de otras energías como ciclos de gas o nucleares.
Fue la presión de la oposición, sobre todo de los nacionalistas de PNV y Junts, que ya demostraron su sintonía con el sector con el gravamen extraordinario a las petroleras, la que logró torcer el brazo del presidente, necesitado de sus votos para aprobarlo en el Congreso de los Diputados.
Aunque Sánchez presumió de que se trata del mayor escudo social desplegado en los países de la Unión Europea, el plan se queda corto teniendo en cuenta que la inflación afectará a todo el consumo n nuestra vida cotidiana. Un cálculo realizado por elEconomista cuantifica el ahorro medio por ciudadano sólo en unos 50 euros por mes.
Los 5.000 millones de euros que costará representan sólo una décima parte de lo que el Hacienda ingresa por la venta de combustibles. Recordemos que la recaudación en impuestos supera el 50% del precio que pagamos en el surtidor y es proporcional al precio. Además, si se compara con el paquete tras la guerra en Ucrania, su coste equivale a una cuarta parte de los 20.000 millones anunciados entonces. El ciudadano tendrá una sensación de alivia en el recibo de la luz y de los combustibles y poco más.
Por lo menos, retiró en el último momento la alocada propuesta para topar el precio de los alquileres, que estuvo a punto de provocar el naufragio del plan por la presión de sus socios de izquierda. Se ve que Yolanda Díaz ya no manda como antes, porque hubiera evitado el bochorno de transmitir la bronca en directo por los medios.
Los socios de Sánchez han perdido el norte, su objetivo sólo es llamar la atención. Las posibilidades de que salga el adelante el Real Decreto sobre la vivienda son remotas. Entre otros asuntos porque es anticonstitucional. Además, su plan para controlar los márgenes empresariales fue reconducido a la CNMC.
Sánchez tampoco tuvo buena semana. Los pésimos sondeos sobre los resultados de la vicepresidenta María Jesús Montero en las próximas elecciones andaluzas provocó el retraso del traspaso del IRPF a Catalunya hasta después de los comicios. Illa se ha dado cuatro meses para rescatar su proyecto presupuestario, que ya se ejecutará con otro vicepresidente y responsable de Hacienda.
El presidente aprovechó su comparecencia televisiva del viernes para promocionar su no a la guerra, mostró su enfado por el conflicto bélico, por los cuatro millones de familias desplazadas y los miles de muertos, sin referencia alguna al régimen sanguinario de los ayatalás, que sofocó las manifestaciones masivas contra él a golpe de gatillo, disparando ráfagas de metralleta contra miles de manifestantes y encarcelando a cientos de civiles inocentes. Mejor nos iría si se centrarse en solventar la guerra interna del Gobierno, en vez de renegar tanto de la de Trump. Su escudo social es adecuado, pero es una pena que sólo acierte cuando rectifica.
La diferencias con la izquierda y la guerra abierta en Indra empañan el escudo social
PD.- El otro fiasco del Gobierno es Indra, la empresa que alimentó con contratos a dedo por más de 10.000 millones en los últimos meses, pasa por una crisis de gobernanza que hundió su cotización más del 20% en bolsa. El mismo Gobierno que puso al frente a Ángel Escribano, ahora quiere echarlo sin dar explicaciones. La vicepresidenta María Jesús Montero, de la que depende la SEPI como dueña del 28% de Indra, asegura que "las circunstancias han cambiado ". Aunque nadie sabe a ciencia cierta a qué circunstancias se refiere. Ni por qué ha tardado tanto tiempo en ver un posible conflicto de intereses en la adquisición de la empresa de los Escribano por Indra, cuando la fusión se planteó hace meses. Si es esta la causa, ¿por qué no lo dijo antes?
Escribano, naturalmente, no quiere marcharse y dejar esta bicoca en manos de un tercero. Entre otras cosas, porque su empresa, Escribano M&E podría salir malparada. El Ministerio de Defensa adjudicó casi todos los contratos a Indra, aunque no sea especialista en muchos de ellos, en un intento por crear un campeón nacional. El conflicto abierto entre la SEPI y el presidente de Indra, que tiene el apoyo del consejo, muestra que el modelo está condenado al fracaso. Entre otras cosas por la profunda herida abierta en el resto del sector, que presiona a Defensa por sentirse marginado y quedar relegado al papel de subcontratista del grupo semipúlblico.
El paradigma es Santa Bárbara, que abrió una guerra jurídica por sentirse apartada de adjudicaciones de las que antes era partícipe. La sentencia puede abrir un camino para que otras empresas sigan sus pasos.
¿Puede el Gobierno echar a un presidente del Ibex porque haya caído en desgracia, saltándose al Consejo de Administración? Sobre el papel, no. La SEPI debería ser la primera en respetar la normas de buen gobierno. Su cese representaría un escándalo mayúsculo. Pero la realidad es que tiene la sartén por el mango, ya que Indra no podría subsistir sin los contratos de Defensa.
Tarde o temprano, la soga siempre se rompe por el ládo más débil. Lo más razonable es alcanzar un consenso ya sea para salir o para quedarse, acatando los imperativos oficiales. Las resistencias numantinas alimentan la épica narrativa de los libros de historia, pero conducen al fracaso. Otra cuestión es si al presidente de Indra le interesa mantenerse con un Gobierno, que se enfrenta a unas elecciones en doce meses con pocos visos de ganarlas. A veces es mejor una retirada a tiempo, que claudicar en la batalla.
