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Las guerras internas que dinamitan el escudo social de Sánchez

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21.03.2026

La situación es muy preocupante porque la guerra va para largo y los precios del petróleo amenazan con alcanzar los 120 dólares en las próximas semanas ante el incremento de las hostilidades. El miércoles pasado, el ataque israelí al complejo gasístico de South Pars, que contienen la mayor depósito de reserva iraní catapultó el petróleo hasta los 118 dólares, aunque luego retrocedió. El Ejército iraní advirtió que consideraba «objetivos legítimos» todas las instalaciones energéticas de los países del Golfo y La Guardia Revolucionaria identificó cinco de estas instalaciones, en Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Catar, que "serán objeto de ataques".

Irán respondió con un brutal ataque contra la ciudad industrial de Ras Laffan, la principal instalación gasística del mundo, que abastece el 20% del mercado, a la que ocasionó "daños considerables", que pueden tardar varios años en repararse. También lanzó misiles para frustrar la salida del crudo a través del oleoducto de Arabia Saudí que desemboca en el Mar Rojo, entre otros ataques a refinerías de varios países de la región. Estos incidentes muestra que la guerra escapa ya al control de Trump y abre un capítulo, que hace temer un conflicto energético con consecuencias económicas mundiales a medio y largo plazo.

Trump intentó calmar los mercados echando la culpa a su socio israelí. Aseguró que él no sabía nada y volvió a repetir la monserga de que la guerra terminaría pronto. Pero el hecho de que el Pentágno haya pedido un ampliación de 200.000 millones al Congreso y el envío este viernes de tres buques de guerra y miles de infantes de marina a la zona demuestra que sus intenciones son otras muy distintas a las que declara.

La subida del petróleo no sólo tendrá repercusión sobre el coste de los combustibles. Como han advertido esta semana tanto la Reserva Federal americana como el BCE, la inflación se incrementará tres y siete décimas a uno y al otro lado del Atlántico, respectivamente. Es decir, que se trasladará a los precios de los bienes de consumo.

En Europa será donde sufriremos las peores consecuencias, porque además mermará el crecimiento y anima a retomar la subida de los tipos de interés, que se utiliza........

© El Economista