Las consecuencias económicas del nuevo aislacionismo español
Cada vez que España se aisló del resto del mundo perdió el tren de su historia. Así pasó durante los cuarenta años de dictadura del general Franco, en el que pese a su desarrollo económico e industrial, no pudimos formar parte del grupo de países que arrancó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (Ceca), que fue el germen de la Unión Europea, o la pertenencia al Tratado del Atlántico Norte (OTAN). En aquella ocasión, los Pirineos fueron una barrera infranqueable que nos separó del resto del continente, ahora la culpable es la deriva ideológica del Gobierno, que nos coloca más cerca del régimen represor iraní que del mundo occidental, que ha plegado filas con Donald Trump.
Una vez más, estamos en el lado equivocado de la historia. La prohibición del uso de las bases de Rota y Morón para el aprovisionamiento de sus aviones es una bofetada a uno de nuestros aliados más importantes, cuyo presidente ordenó esta semana romper los acuerdos comerciales con nuestro país en presencia del canciller alemán, Friedrich Merz, quien no se atrevió a salir en defensa de nuestro país, que también incumple el cupo de 5% del PIB del gasto en defensa recomendado por la OTAN.
Por qué Macron o Merz dan su apoyo a Trump. ¿Están en el lado equivocado de la historia?
Trump se saltó la legislación internacional al lanzar su ataque, al igual que hizo ya en Venezuela. ¿Por qué, entonces, Macron o Merz permanecen callados y lo apoyan? ¿Acaso no ven lo que ha pasado? Ambos anteponen los intereses nacionales, como jefes de Estado o de Gobierno responsables.
Tras la sentencia del Supremo que tumbó los aranceles, Trump aseguró que "podía aplicar un embargo y destruir un país", aunque hay muchas cortapisas para que pueda hacerlo. España es un socio comercial fiable y si la Administración americana quiere aplicar un embargo deberá respetar la legalidad internacional y los acuerdos bilaterales con la UE. De lo contrario, crearía una crisis sin precedentes en la relación comercial entre ambos continentes, la más rica del mundo.
El presidente americano aludió a la Ley de Poderes para Emergencias Económicas Internacionales de 1974 (LPEEI), la misma que usó para imponer los aranceles del Día de la Liberación. En su sentencia, el Tribunal Supremo dio luz verde al bloqueo del comercio con gobiernos o empresas extranjeras que representen una "amenaza extraordinaria e inusual" para la seguridad nacional, que no es el caso de España.
La norma fue hasta ahora utilizada contra sectores concretos, pero jamás contra países enteros. Su aplicación permitiría denegar la compraventa de material militar como aviones militares o de activos financieras a través de bancos situados en territorio estadounidense. Hasta ahora, se sancionó a narcotraficantes, empresas militares chinas, dirigentes de gobiernos hostiles, pero nunca a todos los ciudadanos o empresas de un país. ¿Se atreverá Trump a dar este paso? Sería un duro golpe para la economía española.
La inversión americana es la más cuantiosa en España y está en cifras récord desde que llegó Trump, como publicó elEconomista.es, con casi 7.000 millones en 2025. Sus empresas tecnológicas son imprescindibles para el desarrollo de nuestra actividad.
España necesita, en contra de lo que cree Sánchez, la transferencia de tecnología punta que Estados Unidos hace a las empresas ubicadas en nuestro suelo. Grandes tecnológicas como Amazon, Meta o Microsoft tienen planes de inversión mil millonarios para la instalación de centros de datos y de innovación en España, que podrían irse a otras partes del mundo. Quizá el plan sea sustituirlos por las tecnológicas chinas, como ya hemos hecho con Huawei, en contra del criterio de nuestros socios euros.
Además de que hay grandes proyectos de inversión españoles en Norteamérica como los de Iberdrola, Ferrovial, ACS, Grifols o la reciente adquisición de Webster por Santander que, afortunadamente, no corre ningún peligro. No podemos vivir de espaldas al país más desarrollado del planeta.
Las más perjudicadas, en principio, podrían ser las tradicionales exportaciones de vino, aceite o jamón. También existe una gran inquietud, en estos momentos, por las importaciones de gas estadounidense, que representa el 44,4% del suministro, según Enagás. En los próximos meses, debemos buscar mercados alternativos para suplir otro 11% proveniente de Rusia.
Washington podría restringir fácilmente las ventas de este hidrocarburo a nuestro país. Ello no acarrearía dificultades de abastecimiento, como señala Enagás, pero si un alza adicional de la materia prima en el bolsillo de los españoles.
Sánchez antepone sus intereses políticos a los de España, a costa de perjudicar a todos
Lo peor es que Sánchez no se opone a la guerra porque viole la Carta de Naciones Unidas, como dijo. Su Gobierno fomentó durante años las relaciones con la Venezuela de Nicolás Maduro mientras este se saltaba sistemáticamente los derechos humanos con detenciones y condenas de presos políticos, al igual que ocurre con China.
Sánchez está en contra de Trump porque es una de las pocas bazas que le quedan para ampliar su base electoral ante unos comicios generales, que podrían adelantarse a este verano, según el run run mediático, para hacerlos coincidir con los de Andalucía. El recuerdo de la guerra de Irak o incluso de la Guerra Civil, está aún presente en la memoria de muchos españoles, como muestran los sondeos. Se sacrifica así los intereses económicos de todos los españoles en aras del suyo propio.
El segundo error que cometió Sánchez esta semana es no sumarse a la iniciativa lanzada por el presidente Macron para incrementar el arsenal de armas nucleares a otros países europeos. Un llamamiento al que se sumaron rápidamente Alemania, Reino Unidos, Holanda o Polonia y al que probablemente se unan otros cuatro: Dinamarca, Suecia, Bélgica y Grecia.
La estrategia francesa surge en un momento en que el antagonismo de Trump con Europa, junto con las crecientes amenazas de Rusia, llevan a muchas naciones europeas a revaluar su dependencia del paraguas nuclear estadounidense para su seguridad. La creciente confrontación con Irán no hace más que poner de manifiesto cómo la multiplicación de las amenazas exige una respuesta a la que estamos ajenos.
PD.- En el ámbito internacional, la cuestión está en cuánto se prolongará la guerra con Irán. El régimen de los ayatolás asustó a los mercados al intentar extender el conflicto con los ataques a las monarquías petroleras del Golfo, y a países cercanos como Chipre, Turquía o Azerbaiyán (lo que muestra que nadie está a salvo) con el fin de que presionen a Washington para poner fin a la contienda.
El Estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo, es un cuello de botella para la economía mundial, ya que si en unas semanas no se levanta el bloqueo, el petróleo y sus derivados se encarecerán de manera desproporcionada. Lo peor es el gas, que ya subió el 60% por el cierre de la exportación de Catar y lo hará aún más con el cerrojazo anunciado por Putin a las exportaciones a Europa.
A Trump, por contra, no le preocupa el precio de los hidrocarburos, ya que su país es el primer productor. China es la más perjudicada, porque importa el 80% del crudo iraní y usa el Estrecho para llevar sus mercancías de un lado al otro del mundo. El tiempo de los fletes hasta Europa se triplica con un importante alza de los costes, que pagaremos sus ciudadanos.
Los analistas coinciden en que un conflicto largo, superior a los tres meses, traería graves consecuencias, rompería las cadenas de suministro y encarecería los productos al consumo, provocando una estampida de la inflación y de los tipos de interés, a la par de un frenazo del crecimiento. Aunque evitan referirse a una recesión, muchos usan el término estanflación, inflación sin crecimiento.
Todo va a depender de la capacidad de resistencia iraní. Trump asegura que está a punto de controlar el espacio aéreo iraní y que lo peor está por llegar. La aviación israelí martillea día y noche las principales organizaciones militares y públicas iraníes con el fin de facilitar una revolución civil espontánea que tumbe al régimen, apoyada por una incursión de los kurdos.
Además del tiempo, los mercados dudan de la salida del conflicto, porque el Gobierno de Alí Jamenei había establecido un régimen sólido, con profundas ramificaciones en la sociedad civil y sin vestigios de oposición política. Un cambio de gobierno, con una mayoría de población chiíta, fiel seguidora del régimen clerical y de sus costumbres, se antoja harto complicado sin un desembarco terrestre, que Trump no dudaría en llevar a cabo si fuera necesaria. Pero eso alargaría el conflicto, con consecuencias económicas muy negativas. Así que recemos porque se acabe pronto, como hace Trump.
