Sheinbaum en Barcelona
El sistema educativo en México es tan parcial que siempre nos enseñan verdades absolutas en la escuela. Por un lado, se dice que todos los indígenas eran los buenos de la historia y los españoles eran los malos; que Benito Juárez era casi un santo y que Porfirio Díaz era casi el Anticristo. Ejemplos como esos son recurrentes en la enseñanza de nuestra historia. Esto ha hecho que las opiniones de los mexicanos se encuentren muy polarizadas en cuanto a temas de esta naturaleza.
En el pasado, tuvimos un presidente que siempre presumía su origen español. José López Portillo no desaprovechaba ninguna oportunidad para evocar su origen navarro y señalar que su familia provenía de Caparroso. Suena extraño, pero era tanto el poder de un presidente en esas épocas que, incluso, a pesar de no ser un tema popular anunciarse como descendiente de españoles, el presidente a menudo lo hacía.
López Obrador supo utilizar bien este sentimiento arraigado en la mayoría de los mexicanos. A pesar de ser él mismo nieto de españoles, durante todo su sexenio se la pasó pidiendo a las autoridades españolas que pidieran disculpas por los excesos de la Conquista. López Obrador, insisto, apelaba a un sentimiento generalizado, acudiendo al populismo para consolidar mayor fortaleza.
Mucho se dice que una de las principales influencias para adoptar esa postura antihispanista era, precisamente, su esposa, Beatriz Gutiérrez Mueller. Gutiérrez Mueller incluso publicaba en redes sociales posturas antiespañolas. La ironía de la vida es que,........
