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La libertad es una pregunta incómoda

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14.04.2026

Existen palabras que se pronuncian tanto que acaban por vaciarse. "Libertad" es una de ellas. Es una palabra que se grita en mítines, se escribe en carteles, se tatúa en la piel y se invoca desde el púlpito hasta el palacio de gobierno. Pero muy pocas veces alguien se detiene a preguntar de qué libertad está hablando. No es una pregunta meramente retórica. Es la pregunta más incómoda que puede hacerse quien habita en nuestra ciudad, pues la libertad ha tenido siempre un precio demasiado alto y quienes la ejercen con mayor honestidad suelen pagar un precio alto.

Para entender mejor nuestra idea, resulta propio traer a estas líneas a Isaiah Berlin, un filósofo político que, en 1958, en la Universidad de Oxford, presentó uno de los ensayos más lúcidos sobre la libertad, intitulado “Los dos conceptos de libertad”. En él distinguía con precisión dos nociones que el lenguaje en la cotidianeidad confunde sin remordimiento. La libertad negativa es la ausencia de interferencia externa: que nadie, ni el Estado ni la sociedad, impida actuar dentro de un espacio privado; y la libertad positiva implica la capacidad real de autodeterminarse, de ser dueño de las propias decisiones y no un objeto empujado por fuerzas ajenas. Berlin advirtió que ambas son necesarias en una sociedad civilizada, pero que su confusión ha servido, a lo largo del tiempo, para justificar regímenes autoritarios: quien define........

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