Educación que dignifica
Esta semana regresaron a clases más de 660 mil estudiantes de nivel básico en nuestro Estado. Con ello se abre un nuevo tiempo: de mochilas nuevas, de horarios que se reacomodan en cada casa, de nervios y de ilusiones que se repiten cada agosto y que, sin embargo, nunca dejan de conmovernos. Tuve el honor de acompañar a una escuela primaria en este primer día y desearles, de viva voz, el mayor de los éxitos. Verlas y verlos entrar por la puerta, tomados de la mano de sus padres o ya con el paso decidido de quien empieza a andar solo, me recordó por qué este tema ocupa un lugar central en este Gobierno del Estado.
Porque cuando una familia deposita su confianza en una escuela pública, deposita también su esperanza más profunda: que sus hijas e hijos reciban las herramientas para enfrentar el mundo, para ser mejores personas y para alcanzar lo que sueñan. Ese acto de confianza —tan cotidiano como dejar a un niño en el salón de clases— es, en realidad, un acto de fe colectiva en las instituciones. Y todo gobierno debe entender que esa confianza no se sostiene solo con discursos: la escuela no es una entidad aislada y la dignidad de la educación tiene que ver también con las condiciones materiales que la rodean.
Por eso atendemos una necesidad que es, a la vez, condición básica del aprendizaje y una responsabilidad moral.........
