El impredecible camino a la dulzura
Hay un estado emocional al que me gusta llamar dulzura. Rainer Maria Rilke la describía como una profunda y placentera reconciliación con la existencia. Cuando vivo la dulzura, estimado lector, tengo una agradable sensación de alegría y suavidad en mi vida. Algunos juarenses hacemos lo que podemos para vivir en este estado el mayor tiempo posible. Otros tenemos una auto-prohibición a la alegría, atrapados por aprendizajes o lealtades familiares, por creencias arraigadas de no merecimiento o porque simplemente no sentimos que somos capaces de ser felices.
Por encima de la dulzura me gusta considerar al éxtasis: un estado de amor sin condición por todo lo que nos rodea, alcanzado por pocos seres, muy sabios y evolucionados. El éxtasis es la cúspide de la integración emocional, donde la separación entre el observador y lo observado se disuelve en una profunda compasión. En el otro extremo, hasta abajo en la escala emocional por decirle de una forma, está la culpa, la vergüenza, la tristeza y otras emociones densas que se combinan en las depresiones más profundas, inmovilizando cuerpos y almas.
En ese nivel emocional........
