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Demasiada incertidumbre durante mucho tiempo

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25.03.2026

La incertidumbre ha sido la constante en los últimos meses. Ya no parece ser el síntoma de una crisis, sino que parece más bien un propósito, un objetivo. Mantener a la sociedad, a los gobiernos, a los mercados financieros y a las organizaciones en un estado de incertidumbre, de indefensión ante lo que venga, se está volviendo una constante en todo el mundo.

Esa incertidumbre política y económica también permea en México desde hace bastantes meses. La aplicación de la política arancelaria y la renegociación del tratado comercial entre México, Canadá y Estados Unidos generan escenarios de evidente incertidumbre. En la zona fronteriza, esto ya está impactando y se refleja en el sector maquilador. Son preocupantes las cifras de fuentes de empleo que se han perdido en un lapso de dos años. Lo más delicado es que la situación en Medio Oriente, sin duda, afectará mucho más el entorno nacional y, sobre todo, la economía de municipios en la franja fronteriza que dependen de la industria maquiladora.

Esta incertidumbre ya está afectando a demasiados sectores. Ejemplos hay muchos. No se sabe cuándo terminará el conflicto en Medio Oriente, y eso crea aún más incertidumbre política y económica. Tampoco se sabe a cuánto ascenderá el daño causado a la economía global y regional por este conflicto bélico, que hoy lleva 26 días.

El daño al turismo en la zona en conflicto se desconoce, pero cada día que pasa son millones de dólares los que se pierden en aeropuertos, hoteles y restaurantes. Se desconoce también el impacto en la producción de muchos países que han visto interrumpida la cadena de suministros derivada de este conflicto internacional. Este golpe de la guerra en Medio Oriente ya no es algo lejano a México ni exclusivo del petróleo: está llegando directo al campo y, tarde o temprano, a la mesa de los mexicanos.

En las últimas semanas, y derivado del conflicto, el precio de fertilizantes clave ha subido alrededor de 30 por ciento. Tal parece que no habrá acuerdos pronto, y esto terminará encareciendo alimentos en la mayoría de los países. El cierre del estrecho de Ormuz, controlado por Irán, ha encarecido el gas natural, que es la base para producir fertilizantes. Esto ha puesto en riesgo rutas clave de suministro a nivel mundial. De igual manera, hay problemas con el azufre y el amoníaco, ambos usados en el campo.

Esto significa que producir alimentos se volverá más caro. Cuando al productor le suben los costos, el aumento no se queda en el campo y termina reflejándose en el precio de lo que compramos todos los días. Energía cara, luego transporte caro y después fertilizantes caros: una mezcla muy peligrosa que presiona la inflación, justo cuando parecía que empezaba a dar tregua.

En un país donde buena parte de los fertilizantes son importados, como México, el impacto es directo. En zonas como Juárez en la frontera norte, esto pega directamente al bolsillo, porque el costo de vida ya viene presionado por el tipo de cambio, el diésel y una actividad industrial más débil. La incertidumbre no va a desaparecer en el corto plazo, y esto es lo más preocupante en estos momentos.


© El Diario