No basta con darles sepultura
Cuando una persona muere y nadie puede decir su nombre, el silencio no debería convertirse también en su destino. En distintos panteones descansan personas que fueron enterradas sin haber sido identificadas o sin que alguien reclamara sus restos. En septiembre, en Ciudad Juárez, 117 personas fueron inhumadas en el panteón San Rafael. Algunas permanecían bajo resguardo del Servicio Médico Forense desde 2022. El hecho invita a pensar qué ocurre con las historias de quienes llegan a la tierra sin nombre y qué responsabilidad tenemos con las familias que quizá aún los buscan.
A veces se les llama “desconocidas” o “no reclamadas”, expresiones que describen una situación administrativa, pero que no alcanzan a contar lo esencial: cada una tuvo una vida, vínculos, recuerdos y un lugar en el mundo.
Un entierro puede ser un acto de cuidado. Ofrece resguardo y evita que un cuerpo quede a la intemperie. Pero sepultar no es lo mismo que resolver. Si el nombre sigue sin conocerse, si la familia no sabe dónde buscar y si los datos de la persona no pueden........
