Recuerdos de una vida sin sentido
Hace poco escuché las palabras de don Gerónimo, un hombre de 92 años nacido en 1934, en algún rincón de Guanajuato. Llegó a Ciudad Juárez en 1951, con apenas 17 años, como tantos otros que dejaron su lugar de origen buscando trabajo, libertad y una oportunidad para comenzar de nuevo.
“Yo viví aprisa -me dijo- y durante mucho tiempo confundí el movimiento con el rumbo”. Su juventud transcurrió entre jornadas interminables, noches de cantina y una obsesión por ganar más. Recuerda que, después de recibir su primera buena paga, pasó tres días celebrando. El lunes regresó al trabajo sin un centavo, con la ropa todavía impregnada de humo y la certeza, entonces orgullosa, de que siempre podría recuperar el dinero. Lo recuperó. Lo que nunca recuperó fue el tiempo.
En una ciudad como Juárez, afirma, la vida enseña a correr. Las........
