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Guacamolear

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05.02.2026

Ciudad de México.- Aberraciones sexuales hay muchas, casi tantas como aberraciones políticas. Una de las más aberrantes que en materia de sexo he conocido es la de aquel individuo venido de fuera a Saltillo. Cuando murió don Albino, el tendero de mi barrio, le compró la tiendita a su viuda, pues ella se recogió -así se decía- con sus hijos, vecinos de San Antonio de las Alazanas, en la Sierra de Arteaga. La tiendita se llamaba "Las quince letras". Si se cuentan las letras son precisamente 15. El sujeto le cambió el nombre y le puso "La Reforma", título que proclamaba el jacobinismo del nuevo propietario. Era hombre cuya edad andaría por los 40 años. Pronto amistó con los jóvenes de la cuadra, porque empezó a vender cerveza en su local, cosa que jamás hizo don Albino. Y aquí viene lo de la aberración sexual. Invitaba a dos o tres de esos muchachos, e iba con ellos a la zona de tolerancia. Ahí les pagaba las copas, y les pagaba también la prostituta con la que se iban al cuarto. Ponía una condición: que luego le contaran detalladamente lo que habían hecho. Él no tenía trato con mujer, aunque todo indicaba que no le era aplicable el adagio que en aquellos lejanos tiempos se decía: "¿Cuarentón solterón? Maricón". Entre los amigochos de ese tal se........

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